Muchachos
en un barrio habanero.
Autor: Alejandro Palomino.
“Mi pregunta es:¿Usted confía en Roberta
Jacobson?- le soltó el
periodista extranjero a la señora Josefina Vidal Ferreiro (Directora General de
Estados Unidos del MIREX) en la Conferencia de Prensa realizada luego de las
tres reuniones sostenidas entre los días 21 y 22 de enero… ¡Señores!...
si a estas alturas del “juego” los cubanos tuviéramos que esperar a que surja
un “ambiente de confianza” entre las dos partes para mudar de
aires nuestro accionar sobre el
actual panorama económico… ¡De horchata tendríamos la sangre estos criollos!
Pero bueno, más allá de ciertas presiones
mediáticas, no deja de ser interesante lo que está pasando entre nosotros
después del 17 de diciembre, al menos desde el punto de vista
dramatúrgico/obsesivo, y ni hablar del histórico.
Para buena parte de la opinión pública
mundial, el inicio de las conversaciones diplomáticas entre Cuba y Estados
Unidos significa una Nueva Era en el maniobrar económico de los
cubanos de a pie. Pero lo cierto es que en Cuba hace rato que estamos “sudando
la camiseta” y “haciendo malabares culinarios” para poner los alimentos en el
plato, punto culminante de las empresas familiares más humildes.
Aquí casi nadie ha esperado a que se
produjeran estas bienvenidas conversaciones diplomáticas para cambiar y mejorar
la parte del mundo que le corresponde. Los cubanos somos muy obsesivos, muchas
veces hasta nos pasamos. Desde la apertura hacia los negocios privados en el
2010- hace apenas cuatro años- los cubanos comenzamos a sacudirnos con
desesperación de la inercia.
Quizás haya sido desde antes, según
algunas crónicas “callejeras” y nada despreciables, pero sin lugar a dudas el
comienzo de la segunda década de este siglo ha marcado un salto sustancial en
nuestro habitual comportamiento de las últimas décadas.
¡Al toro por los cuernos!- reza el viejo
refrán y eso es lo que ha venido ocurriendo en Cuba con sobrada naturalidad
aunque muchos de nosotros todavía no hayamos podido reaccionar del todo al
trance socio/económico y a la velocidad vertiginosa de las nuevas tecnologías
y- aparte- tengamos ahora que lidiar con el nuevo slogan “Más dinero en menos billetes”,
clavando igual los pinchos en la grave y archiconocida nota del 25 por 1 para
comprar el aceite de cocinar… que es donde más duele la cosa.
No obstante, nada de lo que se ha
conseguido en el último lustro, ni se conseguirá en lo adelante, ha sido o será
tarea fácil de mantener, pero lo que sí es cierto es que la “Nueva Era” en Cuba
ya peina canas a pesar de que el célebre e imperioso “Cambio de mentalidad”
siga estacionario.
“Cambio de
mentalidad”- no es un anuncio publicitario- es acción y dinero.
La gestión empresarial de todos los
negocios por cuenta propia en Cuba esta permeada de innumerables obstáculos.
Algunos de esos frenos son hasta subjetivos y lastran el verdadero sentido y la
misión corporativa de esos ministerios.
Así y todo, las quejas sobre el proceder
del servicio privado no levantan ni una pulgada al lado de las que impunemente
ocasionan las ofertas estatales. Lo cual continúa siendo la asignatura
pendiente para las autoridades del tramo. Se desborda la mala educación y en
cualquier momento la sangre va a llegar al rio.
Después del 17 de diciembre he escuchado
en varios establecimientos estatales la siguiente suplica: “¡Tengo unas ganas de que los americanos
lleguen!”, como si la “llegada” de los americanos fuera la tabla de
salvación ante la indisciplina, la ignorancia, la distorsión, el desatino y el
maltrato que pululan en muchos de esos establecimientos y otras bandas de
nuestra sociedad. Es increíble como seguimos pecando de inocentes o culpables.
“Los americanos”- si finalmente son un
patrón de conducta internacional (algo bastante inverosímil)- entonces, “los
americanos” somos nosotros mismos. Lo que pasa es que no queremos- ¿o no
podemos?- asumir esa responsabilidad ética. ¿Por qué hay que seguir esperando a
que alguien piense por nosotros?
En algunas muy animadas conversaciones de
mis colegas han surgido varias interrogantes sobre el tratamiento al turismo
norteamericano que después del 17 de diciembre podrá viajar a la Isla con MasterCard
o American Exprés sin la necesidad de permisos especiales. La mayoría de
las dudas gravitan sobre la disponibilidad y el acceso a internet y la
prestación de servicios médicos de primeros auxilios cuando ese turismo se
hospede en los hostales privados o en algunos hoteles del sector estatal que
aun no los ofrecen.
“¿Brindará ese turismo el 15% de propina
que le caracteriza sin tener paso a esos servicios y sufrir la incompetencia
como norma?”- es siempre
la mayor de las vacilaciones que ruedan sobre las mesas de “La Arcada”, la
cafetería que está en M y 23, en el vedado.
“¿Tú crees que esta cafetería se
convierta en un Burgui?”- le
ironiza medio en serio medio en broma un experimentado actor a otro de su
generación después del 17 de diciembre. “Cuando
eso pase la tienda de la esquina será un K-Mart y el ICRT tendrá
patrocinadores privados si todavía existe”- responde el colega.
La última suposición ‘futurista’ la dice
con ansias, dolor y declaración de principios.
También- en otro extremo- después del 17
de diciembre he asistido a dos (¡dos nada más!) importantes reuniones de
trabajo relacionadas con mi obsesivo perfil y en ambas la preocupación y labor
más importante de los dirigentes fue la de explicarnos con lujo de
detalles- ¡como si no la conociéramos!- “la delicada situación económica que tiene
el país para encaminar los ambiciosos proyectos de los jóvenes creadores”.
Una verdad con frases machacadas que de
tanto girar sobre nuestras cabezas provocan nauseas. Sigue siendo como si
tuviéramos que entender que para trabajar con profesionalidad y conseguir
un producto de alta calidad estética, competitivo, hay que tener orejeras y
estar ajenos a lo que a escala internacional está pasando. Sin contrastes nada
tiene sentido y la libertad es la necesidad conocida. Después de todo, el
anterior es un pensamiento marxista.
Hay cosas
que no se pueden seguir guardando en la nevera porque igual se descomponen.
Diplomáticamente el discurso está
cambiando entre Cuba y Estados Unidos, pero en nuestras calles y escuelas sigue
estancado, más bien en retroceso. Muy lejos seguimos del tan necesario, llevado
y traído “Cambio de Mentalidad” interna. O es que también ¿habrá que esperar a
que lleguen los americanos para cambiar de mentalidad?
Ya se sabe que lo que resuelve los problemas más serios de una sociedad- o los agrava- son las Mentalidades. El tema domestico es mirar y analizar con honradez el nivel educacional que tenemos, revisar y colegiar qué entendemos como comprensión, como respeto al que se sienta a mi lado pero piensa de una forma diferente a la mía, pensar en cómo premiar públicamente la gestión cultural despolitizada, de hablar y debatir con propiedad acerca de personalizar y diferenciar la enseñanza según las características y trayectoria del estudiante.
Ya se sabe que lo que resuelve los problemas más serios de una sociedad- o los agrava- son las Mentalidades. El tema domestico es mirar y analizar con honradez el nivel educacional que tenemos, revisar y colegiar qué entendemos como comprensión, como respeto al que se sienta a mi lado pero piensa de una forma diferente a la mía, pensar en cómo premiar públicamente la gestión cultural despolitizada, de hablar y debatir con propiedad acerca de personalizar y diferenciar la enseñanza según las características y trayectoria del estudiante.
Hay que discutir sobre conciencia ciudadana,
en qué consiste y qué significa y cuál es el alcance de sus beneficios. Hacerlo
con seriedad y constancia desde los medios, sin el habitual choteo que
nos caracteriza o la letanía del cuento de la buena pipa y el latón de basura
derramado. Hacerlo con jóvenes competentes. Cambiar la imagen y el discurso de
siempre.
Se trata de un trabajo riguroso y
profundo en todos los aspectos éticos y estéticos de la sociedad y que lleva
mucho tiempo en su proyección y demanda un altísimo costo económico.
Un trabajo que debe priorizar en sus
acciones a las familias que han sufrido la fragmentación, las dolorosas
ausencias y el éxodo de sus hijos en estos 56 años de aislamiento. Un trabajo
que se les debe desde hace mucho tiempo a las escuelas primarias, secundarias y
preuniversitarias de los barrios marginales con potencial delictivo y donde
desde hace mucho tiempo ya no sirve- para educarlos como hombres y
mujeres modernos- el seguimiento al pie de la letra de un aburrido Plan de
Estudios.
Los Planes
de Estudios no hacen a los maestros, son los maestros los que hacen los Planes
de Estudios y eso cuesta.
Un buen profesor no solo puede contar la
historia desde el punto de vista socio/político y con ello ordenar categorías
para evaluarlas después. Un buen profesor no puede impartir clases sino habla
de poesía en el aula, sino habla de música, de teatro, de cine, sino habla de
los barrios donde han crecido sus alumnos, sino es asesorado por artistas,
psicólogos, empresarios, policías, etc.
Un buen profesor no puede parase delante
de una pizarra sin antes hablar de su vida con total honestidad, sino invita a
sus estudiantes a no cometer los errores de su generación, sino crea la
diferencia. Las diferencias no son el problema, el problema es no entenderlas,
no reconocerlas, ahí es donde desaprovechamos la oportunidad de enriquecernos y
prosperar como sociedad.
La única forma de Cambiar la Mentalidad
es trabajando desde la educación, desde la familia y desde los primeros
estudios a riesgo de que esos empeños y obsesiones no nos devuelvan el momento
en el que, lamentablemente, perdimos el contacto con los buenos modales.
Obsesiones que también son inversamente
proporcional a el slogan “Mas dinero
en menos billetes”. ¿Qué vas a hacer
maestro?
Autor: Alejandro Palomino.
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