lunes, 16 de febrero de 2015

¡Obsesiones vs Más dinero en menos billetes!... La pelea del siglo.



  Muchachos en un barrio habanero.
Autor: Alejandro Palomino.
 
“Mi pregunta es:¿Usted confía en Roberta Jacobson?- le soltó el periodista extranjero a la señora Josefina Vidal Ferreiro (Directora General de Estados Unidos del MIREX) en la Conferencia de Prensa realizada luego de las tres reuniones sostenidas entre los días 21 y 22 de enero… ¡Señores!...  si a estas alturas del “juego” los cubanos tuviéramos que esperar a que surja un “ambiente de confianza” entre las dos partes para mudar de aires nuestro accionar sobre el actual panorama económico… ¡De horchata tendríamos la sangre estos criollos!
Pero bueno, más allá de ciertas presiones mediáticas, no deja de ser interesante lo que está pasando entre nosotros después del 17 de diciembre, al menos desde el punto de vista dramatúrgico/obsesivo, y ni hablar del histórico.
Para buena parte de la opinión pública mundial, el inicio de las conversaciones diplomáticas entre Cuba y Estados Unidos significa una Nueva Era en el maniobrar económico de los cubanos de a pie. Pero lo cierto es que en Cuba hace rato que estamos “sudando la camiseta” y “haciendo malabares culinarios” para poner los alimentos en el plato, punto culminante de las empresas familiares más humildes.
Aquí casi nadie ha esperado a que se produjeran estas bienvenidas conversaciones diplomáticas para cambiar y mejorar la parte del mundo que le corresponde. Los cubanos somos muy obsesivos, muchas veces hasta nos pasamos. Desde la apertura hacia los negocios privados en el 2010- hace apenas cuatro años- los cubanos comenzamos a sacudirnos con desesperación de la inercia.
Quizás haya sido desde antes, según algunas crónicas “callejeras” y nada despreciables, pero sin lugar a dudas el comienzo de la segunda década de este siglo ha marcado un salto sustancial en nuestro habitual comportamiento de las últimas décadas.
¡Al toro por los cuernos!- reza el viejo refrán y eso es lo que ha venido ocurriendo en Cuba con sobrada naturalidad aunque muchos de nosotros todavía no hayamos podido reaccionar del todo al trance socio/económico y a la velocidad vertiginosa de las nuevas tecnologías y- aparte- tengamos ahora que lidiar con el nuevo slogan “Más dinero en menos billetes”, clavando igual los pinchos en la grave y archiconocida nota del 25 por 1 para comprar el aceite de cocinar… que es donde más duele la cosa. 
No obstante, nada de lo que se ha conseguido en el último lustro, ni se conseguirá en lo adelante, ha sido o será tarea fácil de mantener, pero lo que sí es cierto es que la “Nueva Era” en Cuba ya peina canas a pesar de que el célebre e imperioso “Cambio de mentalidad” siga estacionario.
“Cambio de mentalidad”- no es un anuncio publicitario- es acción y dinero.
La gestión empresarial de todos los negocios por cuenta propia en Cuba esta permeada de innumerables obstáculos. Algunos de esos frenos son hasta subjetivos y lastran el verdadero sentido y la misión corporativa de esos ministerios.
Así y todo, las quejas sobre el proceder del servicio privado no levantan ni una pulgada al lado de las que impunemente ocasionan las ofertas estatales. Lo cual continúa siendo la asignatura pendiente para las autoridades del tramo. Se desborda la mala educación y en cualquier momento la sangre va a llegar al rio.
Después del 17 de diciembre he escuchado en varios establecimientos estatales la siguiente suplica: “¡Tengo unas ganas de que los americanos lleguen!”, como si la “llegada” de los americanos fuera la tabla de salvación ante la indisciplina, la ignorancia, la distorsión, el desatino y el maltrato que pululan en muchos de esos establecimientos y otras bandas de nuestra sociedad. Es increíble como seguimos pecando de inocentes o culpables.
“Los americanos”- si finalmente son un patrón de conducta internacional (algo bastante inverosímil)- entonces, “los americanos” somos nosotros mismos. Lo que pasa es que no queremos- ¿o no podemos?- asumir esa responsabilidad ética. ¿Por qué hay que seguir esperando a que alguien piense por nosotros?
En algunas muy animadas conversaciones de mis colegas han surgido varias interrogantes sobre el tratamiento al turismo norteamericano que después del 17 de diciembre podrá viajar a la Isla con MasterCard o American Exprés sin la necesidad de permisos especiales. La mayoría de las dudas gravitan sobre la disponibilidad y el acceso a internet y la prestación de servicios médicos de primeros auxilios cuando ese turismo se hospede en los hostales privados o en algunos hoteles del sector estatal que aun no los ofrecen.
“¿Brindará ese turismo el 15% de propina que le caracteriza sin tener paso a esos servicios y sufrir la incompetencia como norma?”- es siempre la mayor de las vacilaciones que ruedan sobre las mesas de “La Arcada”, la cafetería que está en M y 23, en el vedado.
“¿Tú crees que esta cafetería se convierta en un Burgui?”- le ironiza medio en serio medio en broma un experimentado actor a otro de su generación después del 17 de diciembre. “Cuando eso pase la tienda de la esquina será un K-Mart y el ICRT tendrá patrocinadores privados si todavía existe”- responde el colega.
La última suposición ‘futurista’ la dice con ansias, dolor y declaración de principios.  
También- en otro extremo- después del 17 de diciembre he asistido a dos (¡dos nada más!) importantes reuniones de trabajo relacionadas con mi obsesivo perfil y en ambas la preocupación y labor más importante de los dirigentes  fue la de explicarnos con lujo de detalles- ¡como si no la conociéramos!- “la delicada situación económica que tiene el país para encaminar los ambiciosos proyectos de los jóvenes creadores”.
Una verdad con frases machacadas que de tanto girar sobre nuestras cabezas provocan nauseas. Sigue siendo como si tuviéramos que entender que para trabajar con profesionalidad  y conseguir un producto de alta calidad estética, competitivo, hay que tener orejeras y estar ajenos a lo que a escala internacional está pasando. Sin contrastes nada tiene sentido y la libertad es la necesidad conocida. Después de todo, el anterior es un pensamiento marxista.
Hay cosas que no se pueden seguir guardando en la nevera porque igual se descomponen.
Diplomáticamente el discurso está cambiando entre Cuba y Estados Unidos, pero en nuestras calles y escuelas sigue estancado, más bien en retroceso. Muy lejos seguimos del tan necesario, llevado y traído “Cambio de Mentalidad” interna. O es que también ¿habrá que esperar a que lleguen los americanos para cambiar de mentalidad?

Ya se sabe que lo que resuelve los problemas más serios de una sociedad- o los agrava- son las Mentalidades. El tema domestico es mirar y analizar con honradez el nivel educacional que tenemos, revisar y colegiar qué entendemos como comprensión, como respeto al que se sienta a mi lado pero piensa de una forma diferente a la mía, pensar en cómo premiar públicamente la gestión cultural despolitizada, de hablar y debatir con propiedad acerca de personalizar y diferenciar la enseñanza según las características y trayectoria del estudiante.
Hay que discutir sobre conciencia ciudadana, en qué consiste y qué significa y cuál es el alcance de sus beneficios. Hacerlo con seriedad y constancia desde los medios, sin el habitual choteo que nos caracteriza o la letanía del cuento de la buena pipa y el latón de basura derramado. Hacerlo con jóvenes competentes. Cambiar la imagen y el discurso de siempre.
Se trata de un trabajo riguroso y profundo en todos los aspectos éticos y estéticos de la sociedad y que lleva mucho tiempo en su proyección y demanda un altísimo costo económico.
Un trabajo que debe priorizar en sus acciones a las familias que han sufrido la fragmentación, las dolorosas ausencias y el éxodo de sus hijos en estos 56 años de aislamiento. Un trabajo que se les debe desde hace mucho tiempo a las escuelas primarias, secundarias y preuniversitarias de los barrios marginales con potencial delictivo y donde desde hace mucho tiempo ya no sirve-  para educarlos como hombres y mujeres modernos- el seguimiento al pie de la letra de un aburrido Plan de Estudios.
Los Planes de Estudios no hacen a los maestros, son los maestros los que hacen los Planes de Estudios y eso cuesta.
Un buen profesor no solo puede contar la historia desde el punto de vista socio/político y con ello ordenar categorías para evaluarlas después. Un buen profesor no puede impartir clases sino habla de poesía en el aula, sino habla de música, de teatro, de cine, sino habla de los barrios donde han crecido sus alumnos, sino es asesorado por artistas, psicólogos, empresarios, policías, etc.
Un buen profesor no puede parase delante de una pizarra sin antes hablar de su vida con total honestidad, sino invita a sus estudiantes a no cometer los errores de su generación, sino crea la diferencia. Las diferencias no son el problema, el problema es no entenderlas, no reconocerlas, ahí es donde desaprovechamos la oportunidad de enriquecernos y prosperar como sociedad.
La única forma de Cambiar la Mentalidad es trabajando desde la educación, desde la familia y desde los primeros estudios a riesgo de que esos empeños y obsesiones no nos devuelvan el momento en el que, lamentablemente, perdimos el contacto con los buenos modales.
Obsesiones que también son inversamente proporcional a el slogan “Mas dinero en menos billetes”. ¿Qué vas a hacer maestro?


Autor: Alejandro Palomino.

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