lunes, 1 de septiembre de 2014

Ariel, el Colorao’, el Blanco y la excavadora.

“No es la grúa. Es la araña que quiere jamarse a la mosca”. Texto de Manolo en la pieza teatral “Mi socio Manolo” de Eugenio Hernandez Espinosa.


Cuando Ariel puso los pies en Rancho Boyeros enfiló su rumbo hacia la casa de su amigo El Blanco. Llega, suelta los bártulos y en un abrir y cerrar de ojos hace el recuento.    
Hacía más de cuatro años que no venía a La Habana y ya “el gorrión” lo estaba matando. Sus canciones más recientes no tienen dolor y eso lo tiene con el alma colgando de un hilo.
“Cuando llevas más de treinta y dos meses de creditico invierno y al amparo de Facebook, Cuba parece el país más lejos del mundo”- dice y de un salto sale a la calle sin miedo. A dos manos comienza a gastar dinero.
Entre caladas torcidas va dando tumbos por el oeste de la ciudad hasta que gira y se sorprende en la caprichosa esquina de 60 y 29. El olor a frijoles negros le desfigura la boca en una mueca infantil. Los recuerdos lo aplastan bajo la pálida luz amarillenta del poste de madera. Parece un esperpento en el claro/oscuro del Buena Vista habanero. 
Los chamacos de antaño plantan el noctambulo dominó y le dan “agua” a las piezas. Fiel al ritual, Ariel ameniza el partido con pollo frito, una caja de cerveza y la botella de Caney. “Un carro pasa muy despacito por la avenida/y a la carrera pero sin ruido cruza la calle”. No la canta pero la tararea. Anda enlazando tiempos.
Pierde tres datas seguidas pero la melodía lo impulsa y sigue de largo sacudiéndose de las presencias. Maneja muy bien los simulacros hasta despejar el ramalazo de las pérdidas.
Regresa, llora debajo de la ducha y duerme tres horas. El problema va a ser cuando se despierte, revise el bolsillo y vea cuánto ha gastado en la gracia.
Amanece y es finales agosto. Pasa una semana y no llueve. Los “almendrones” rugen y el olor a petróleo ahoga la capital. Suena la timba por doquier y cuatro gritos en el solar rompen las cortinas de lienzos que se hacen pasar por puertas.
Las moscas que revolotean sobre la basura desbordada le sigue pareciendo la peor noticia para una ciudad que insiste en mezclar imágenes muy duras con otras verdaderamente sublimes. “Aquí la gente no tiene la menor idea del montón de años que hacen falta para que se desintegre la bazofia”- piensa.
Pepe el judío abre la bodega y cuelga el cartelito de “HAY RON DE LA BODEGA”. No puede entender que al paso del tiempo eso siga existiendo.
Los carretilleros entablan la competencia haciendo alarde de sus poderosas voces en pregones de nuevo tipo. Se vende cualquier cosa, pero no se compra casi nada. Apura el paso y dobla por 48. No quiere perder ni un minuto de su último día en La Habana. El Colorao lo espera guitarra en ristre en el Bar de Las Sopitas.
“El dinero se ha hecho para gastarlo”- le dice al Colorao de juglar a juglar y añade:- “Pero aquí se volatiza, mi hermano. No hay economía que aguante estos siderales precios”. La S final de siderales le sirve para ironizar mejor. “Sale mucho más barato ir de vacaciones a un balneario en Croacia”- asegura y ríe.  Llega el camarero con la carta. “¿Qué vas a comer Colorao?”
“Aquí la gente no cree en nadie a riesgo de parecer ignorantes, asere”- explica el Colorao. “También hay gente que sueñan con abrazar a otra gente pero que solos están”. El Colorao enfunda la guitarra, desliza un dedo por la frente y ordena el plato más caro sin pensarlo dos veces.
El Negro murió hace más de un año. Santiaguito también murió y Vida… ¿a la muerte le queda un tiro?
El Centro Pablo sigue en La Habana Vieja gracias a los enormes esfuerzos de Víctor y Maria. Mientras tanto, a los Estudios Abdala le han cortado el fluido eléctrico y Silvio se queja en Segunda Cita y en el Portal Cubasi.cu a un clic de distancia- según reza en azul su slogan.
“Hace unos días un viceministro de cultura dijo que no puede pagar la deuda eléctrica de Abdala porque las empresas deben pagar sus propias deudas”- escribió Silvio y Ariel frunce el ceño.
“No entiendo nada. Hay que hacerse el sueco para decir semejante cosa”- comenta Ariel. “En cualquier parte del mundo usted paga lo que consume. Y si no lo paga va preso por moroso y negligente”. “No entiendo nada”. “O va preso el viceministro o va preso Silvio”. “No entiendo nada”- repite ensimismado.
“Esto se ha vuelto muy difícil de explicar, mi hermano. No te quemes. Ya no es lo mismo. Ahora las penas siguen atropellándose pero en el lenguaje misterioso de su nombre”- contesta de un golpe el Colorao y pide otra cerveza Bucanero.
En los noventa ellos se reunían en el Huron Azul de la UNEAC y rones mediante hablaban de “Longina” la que Corona hizo por encargo, de la explosión en los setenta de la música popular bailable, de Ricardito el de Los Latinos o Macías el de Rumba Havana, de Afrocuba y Opus 13 y hasta de Habana Abierta con el Divino Guión de Vanito Caballero hoy Vanito Brown.
Luego vino la estampida con pasaje de ida y vuelta para los Torrens, Ochoa, Paz, Urquiza, Torres, Isaac y compañía. Por cierto, fue hermoso ver cantar a Gema en el homenaje a Marta Valdés. Palabras es un tema para toda la vida.
Paran un “botero”, recogen al Blanco y salen disparados para la “Casa de la Música” de Galiano al caer la noche. Los anuncios lumínicos de los nuevos negocios privados roban la atención de Ariel. “Con este calor ese negocio de vender hielo debe ser muy rentable”. Un bache en la avenida 23 lo saca de sus cavilaciones y a la altura de Infanta y San Lázaro comienza el reggaetón del taxista. A simple vista, allí La Habana se divide en dos ciudades bien distintas.
Paga la carrera en pesos cubanos y en CUC la entrada a la Casa de la Música. Esto de la doble moneda no le ha permitido organizar los gastos. La lista de desaguisados en ese sentido es interminable. Ya son varias generaciones de cubanos las que conocen el panorama económico de la isla concebido de esta manera. Recibes el salario en CUP y haces las compras en CUC. El cambio sigue a 25 por 1.
Pero la Casa de la Música- otrora cine Jigüe- está repleta de nacionales bailando con extranjeros. Nadie sabe de donde la gente saca el dinero pero estos lugares se repletan de jóvenes cubanos con ropa de marca y carísimos teléfonos celulares. Andar elegante y así poder una chica plástica recoger. “Es verdad que esta difícil de entender esto, Colorao”.
Las muchachas de la orquesta que suena son una mezcla de Tina Turner con Amy Wayhouse y hacen delirar a los bailadores. Uno de ellos baila suelto con tres danesas. Otro saca la lengua manchada de azul y sigue a la caza en la pista. Las chicas de pronunciados escotes retozan alrededor de la barra ante la mirada rapaz de los proxenetas invisibles.
Salieron al amanecer y casi directo para el aeropuerto con una breve escala para recoger los bártulos mirando de reojo la televisión. Se acuerda de cuando las transmisiones terminaban a las doce de la noche con el himno nacional y también del notable “Año de la Revolución Energética”, comenta.
El primer noticiario del día hace referencia al comienzo del nuevo curso escolar. “Un millón ochocientos mil estudiantes iniciaran las clases, de ellos, más de cien mil jóvenes comienzan sus estudios universitarios, todos de forma gratuita”- recalca la periodista.
Se marcha confundido y no sabe cuándo podrá regresar otra vez.
Las despedidas de Ariel son con los ojos inyectados en sangre. Eso es alianza, naturalmente.  De todas formas, ellos solo se reúnen de Ariel en Ariel.


Una excavadora reinicia sus labores para mejorar el servicio del agua en el oeste de la capital. Hace un ruido tremendo.

sábado, 3 de mayo de 2014

“Esta es la nueva escuela/esta es la nueva casa/casa/escuela nueva… (Bis)”. Todo era mentira.

Por. Alejandro Palomino.

                                    La violencia engendra violencia.
                                            La mentira, destruye.
 En el verano de 1976 varios grupos de niños del barrio Colón de Centro Habana, nos fuimos a estudiar y a trabajar para la otrora Isla de Pinos bajo los acordes y melodías de aquellas hermosas canciones del “Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC”.
Teníamos apenas doce años de edad y recién habíamos terminado los estudios de la educación primaria. Hoy no recuerdo con exactitud todos los detalles iníciales de aquel siniestro episodio que aceleró nuestra infancia y adolescencia.
Repaso que al terminar el curso escolar del sexto grado, nuestros padres fueron citados a una ‘reunión urgente’ en la escuela de turno y allí llenaron (o firmaron) unas planillas de rigor para que- bajo su conformidad y autorización- sus hijos se incorporaran al proyecto Socio/laboral/Educativo definido como “La Nueva Escuela” en donde, sin lugar a dudas, nos “formaríamos” como el “Hombre Nuevo” que necesitaba el agudo proceso revolucionario cubano.
Entonces, a la voz de mando, con maleta de madera en ristre y vestiditos y peinaditos como se ve en las fotos en blanco y negro de la década del setenta, estábamos haciendo fila bajo el sol de agosto en la explanada del viejo espigón del puerto de Batabanó al sur de La Habana. Íbamos cantando “Esta es la nueva escuela/esta es la nueva casa/casa/escuela nueva…”.
En los cargueros mercantes “Palma Soriano” y “Jibacoa” la travesía marítima duraba de seis a ocho horas hasta Nueva Gerona, según la carga, las condiciones del tiempo y las reglas para la navegación.
En el “Comandante Pinares” o el “Isla de la Juventud” (de pasajeros ambos) el viaje era un poquito más rápido pero no por ello los mareos y los vómitos disminuían.
Desde la ventanilla de la guagua el diseño arquitectónico “Girón” de las ESBEC y los IPUEC (las “Nuevas Escuelas”)- constituidas por tres bloques o edificios de desiguales dimensiones y de acuerdo a sus utilidades- adornaban, como punticos blancos en la lejanía el organizado paisaje verde conformado por citrícolas surcos y regias cortinas de pino, las afueras de Gerona.
Los regadíos por aspersión bañaban constantemente los arbustos francamente enyerbados pero bien cargados de toronjas, naranjas y limones. Faena dura de chapeo y recolección la que nos esperaba debajo de las santanillas.
Por amor estamos haciendo/…/para por amor seguir trabajando/…/Que nadie interrumpa el ritmo/queremos amar en paz/para decir en un grito/ ¡Cuba va!/ ¡Cuba va/ (Bis)- estrofa de otra memorable, triunfalista y estandarte canción del Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC.   
Unos niños nos quedamos en “Protesta de Baragua”, otros en “Micaela Labastida”; algunos continuaron hasta la “19 de Abril” o “Vanguardia de La Habana” y así nos fueron ‘despachando’ de Escuela Nueva en Nueva Escuela a lo largo y ancho de toda la Isla de Pinos de 1976.
Entregados los expedientes escolares fuimos conducidos en fila india hacia  la Plaza de Formación ubicada entre el edificio docente y los dormitorios. El severo discurso del director de la escuela- de albúmina formación “Makarenka”- no se hizo esperar. Entendidos los “puntos sobre las íes” comenzamos por las mañanas a recolectar toronjas con fines de exportación y a recibir clases por las tardes para convertirnos en verdaderos “Hombres Nuevos” como lo necesitaba la revolución. 
Un horario estricto y riguroso para cada actividad a desarrollar. La Diana para el despertar se produce a las 6.00am y para el descanso a las 10.00 de la noche. 16 horas de continuas y duras acciones durante 25 días al mes por 3 de Pase o Permiso para visitar a nuestras familias.
Nuestra estancia en La Isla estaba planteada para 6 largos años entre los estudios de la enseñanza secundaria y preuniversitaria. Ingresamos con 12 a la “Nueva Escuela” y nos graduaríamos como “Hombres Nuevos” a los 18 años. Todo era cuestión de tiempo. “Esas canciones no mienten, compadre”- aclarábamos.    
La cantidad de aspirantes a “Hombres Nuevos” alcanzaba la astronómica cifra de 600 estudiantes por escuela y rara vez en el desayuno alcanzaba la leche para todos los niños. El menú del almuerzo y la comida gravita reiteradamente en Harina de maíz bien caliente, Chicharos aguaos y Sardinas en conserva (de la lata), todo servido en irregulares bandejas de calamina.
El piso del comedor es resbaladizo e intratable. Fácilmente podías llegar a tu mesa después de una estrepitosa caída y sin los preciados alimentos.  Pero todo era cuestión de Adaptarse a las Dificultades.
“Hay que adaptarse a las dificultades”- repetía insistente el profesor de ‘Vida Interna’.  
Un especial momento de cada jornada consistía en que para comenzar y cerrar cualquier actividad era obligatorio decir a coro un slogan triunfalista desde la regular formación por grupos y henchida actitud militar.
“Solo los cristales se rajan, los hombres mueren de pie” o “Los hombres mueren, el Partido es inmortal”, eran más bien los lemas habituales que iniciaban y daban por concluidas las desiguales y difíciles tareas a vencer. 
Recordemos que en 1975 se había celebrado con éxito el Primer Congreso de Partido Comunista de Cuba pero entre sus acuerdos nunca figuró el lineamiento de que al comedor de una ESBEC no tenías acceso si no decías el LEMA desde la Plaza de Formación.
Por último, en el dormitorio el compromiso de mantener el orden disciplinario recae en los hombros de tres niños: el Jefe de Albergue, su segundo al mando y el Jefe de limpieza. Todos designados por la Dirección de la “Nueva Escuela/Nueva Casa”.
Ellos también son estudiantes/aspirantes a “Hombres Nuevos”, pero… han llegado aquí con serios problemas de conducta y proclives a la delincuencia. Víctimas de las más perturbadoras manifestaciones de violencia familiar y social, muy agresivos.
Nacidos y crecidos en los círculos más hostiles de los ruedos marginales y marginados por la sociedad de un país en pleno escenario de crisis económica y de no pocos valores éticos corriendo la misma suerte.
El sistema de comportamiento en los dormitorios y otros espacios de la institución se porta tan carcelario como a la vieja usanza de las prisiones de aislamiento. Se vuelven comunes y familiares las golpizas y los abusos. Los atropellos cobran presencia en los rostros amoratados y los escuálidos cuerpos de los más indefensos. La cacería es infernal entre las literas y de cubículos a cubículos. 
Muchas veces los niños blancos son golpeados, ultrajados y perseguidos por otros niños negros y viceversa. Debido al acoso y el maltrato, los más indefensos prefieren dormir en las mesas de las aulas del edificio docente o incluso, en los peligrosos aleros de la instalación en el intento de burlar la asechanza y evitar las palizas.
Con frecuencia les roban el colchón, la sábana; les prenden candela en los pies mientras duermen o les revientan una bofetada en pleno descanso nocturno y no pueden trasmitir la queja porque eso puede ser peor para ellos. “¿Será mentira lo del ‘hombre nuevo’ y la ‘nueva escuela’?- nos preguntábamos continuamente. “Hay que adaptarse a las dificultades”- repetía el ‘Vida Interna’ y el tiempo seguía pasando factura.
 Nadie le pone coto al desatino, la torpeza, la discriminación racial o la animadversión. Los desprecios y las iniquidades son permanentes y todo sucede como si el profesorado no tuviera ‘jurisdicción’ en los albergues. Hacen caso omiso y la vista gorda de lo que allí ocurre.
Los auto/robos amañados y ejecutados por los propios ‘niños jefes’ sobre sus pertenencias, implican para los demás largos castigos de formaciones en posición inmóvil (¡FIRMES!) hasta altas horas de la madrugada y con el cuerpo desnudo a la intemperie. Mientras dura la penitencia uno de los jefes golpea con un cinturón las espaldas y los glúteos de los muchachos colocados en hilera.
Se pierde la noción del tiempo en “La nueva escuela/nueva casa” y los niños de entonces, ya no éramos los mismos. Aprobada la Nueva Plataforma Programática del Partido, Isla de Pinos cambia su nombre por: “Municipio Especial Isla de la Juventud” y en La Habana se celebra a todo bombo y platillo el “XI Festival Internacional de la Juventud y los Estudiantes”.
Una mañana absurda de la “Nueva Escuela” un niño agrede a otro con un machete y le troza en pedazos el muslo derecho. Ese mismo día aparece debajo de una litera una maleta de madera con tres pistolas escondidas y aunque ‘el hallazgo’ es reportado no pasa nada.
Dos chicas de 14 años son expulsadas deshonrosa y públicamente del centro escolar por haberse besado en los labios y otras tres de la misma edad están embarazadas del profesor de química. Mientras, un destacado profesor de Astronomía es expulsado del sector por homosexual.
Una alarma tardía por el engaño se dispara entre los padres de muchos niños.              
Los ‘inadaptados’ se marchan de las casi totalmente destruidas, saqueadas y empantanadas “Nuevas Escuelas”. Eso a riesgo de que les ‘manchen’ el expediente escolar y les marquen oficialmente como “Rajados”- una condición que NO les permitirá continuar sus estudios en una escuela secundaria urbana.
Entre los que se quedan se establece el ‘Pandillaje’ como cotidiano modo de vida y ‘Peñas en Tropel’ de estudiantes/aspirantes a la sublime pero muy rara condición de “Hombres Nuevos”. La violencia en el perímetro puede llegar a superar las múltiples visiones estereotipadas existentes sobre el tema. En el lance pandillero cumplimos 18 años.
Todo era mentira.
El despojo, el fraude académico, los maltratos, las sustracciones, las golpizas, el estimulado ejercicio de la chivatería y las encerronas a boca de jarro dejaron profundas heridas en la memoria de todos los que una vez habíamos anhelado convertirnos en indiscutibles “Hombres Nuevos” en aquellas blancas “Nuevas Escuelas/Nuevas Casas”. Un Proyecto convertido en una autentica Pesadilla. “Esas canciones son una mierda, asere”- concluimos. 
Una infame mentira.
El destino de muchos de nosotros como Hombres Modernos ha sido dudoso. Varios se fueron de Cuba por el puerto del Mariel en abril de 1980. Otros lo hicieron en rústicas embarcaciones detrás de la explosión social desatada en La Habana en agosto de 1994. No pocos habían muerto en la guerra de Angola.
Algunos no salieron jamás de las prisiones habaneras. Un grupo significativo ‘se busca la vida’ en el mercado negro y los más afortunados sacamos fuerzas de flaquezas cumpliendo 3 años en el ejercito militar para poder realizar después estudios universitarios buscando crear y desplegar una familia sin traumas en el país que nos vio nacer. 
Esos niños cubanos de 1976 hemos llegado a los 50 años de vida.
¿Alguien quiere continuar mintiéndonos?
 
La Habana, 4 de abril de 2014.      

“El día ‘atravesao’ de la semana”

 
Por. Alejandro Palomino.
 
La embajada de España en Cuba ha tenido la cortesía de invitarnos al siguiente encuentro: 
 
En nombre de Pablo Platas, Consejero Cultural, y del Embajador de España, Francisco Montalbán Carrasco, le estamos invitando al próximo “Jueves de la Embajada”, que tendrá lugar el jueves 10 de abril a las 5:00 pm y que en esta ocasión estará dedicado al deporte como rama de la cultura.
Los protagonistas de la tarde serán el  Premio Príncipe de Asturias en Deportes de 1993 y recordista mundial, Javier Sotomayor, y Mireya Luis, la capitana del legendario equipo de voleibol, calificado por la prensa especializada como las Espectaculares Morenas del Caribe, campeonas olímpicas  en 1992, 1996 y 2000, entre otros muchos galardones…  
Embajada de España en Cuba. Cárcel No. 51 esquina a Zulueta. La Habana Vieja.
Entrada por la puerta principal, de 4:15 a 5:00 pm.
Mucho agradeceríamos poder contar con su presencia.
 
Si cruzas el túnel de la bahía y te paras de frente a la ciudad desde la Fortaleza del Morro, podrás observar la singularidad arquitectónica que constituye en ese entorno citadino el edificio donde radica la embajada española: el Parque de Las Almendras, el Parque de Los Enamorados, el otrora Palacio Presidencial con su fabulosa cúpula a la manera de Brunelleschi, el Paseo del Prado con los soberbios leones, las imponentes ruinas de lo que fue la “Tasca Española” y otras muchas obras emblemáticas de la capital cubana como El Castillo de la Fuerza y el antológico parque circular Máximo Gómez con la estatua del Generalísimo montado en su caballo.
 
En ese panorama viví toda mi infancia y adolescencia mientras fui un muchacho del barrio de Colón. En mi crónica “Del musical a ‘La Tasca’ hay solo siete cuadras” le hago mis fieles honores a ese distinguido pedazo de la geografía habanera. Con sonados recuerdos y la imagen imperecedera de mi madre, llegué a la embajada a las 4: 45 pm.
 
No fui solo. Nora, Yoa, Kelvyn, Enrique, David y Ailyn también estaban invitados.
 
En la puerta de la embajada una atentísima señora nos invitó a pasar inmediatamente. Subimos la espaciosa y barroca escalera y en una tarja de bronce ubicada en un descanso se puede leer que el edificio fue declarado como Sede Diplomática de España en Cuba en 1984 bajo la presidencia del excelentísimo Sr Felipe González.
 
Era muy interesante la ascensión. Los muchachos del grupo iban soltando una risita nerviosa, cómplice, porque en “un abrir y cerrar de ojos” estábamos pisando territorio español sin atravesar el atlántico. Nos ofrecen otra cálida bienvenida en el ¿tercer piso? y nos invitan a sentarnos en las sillas que dicen “Reservado”.
 
De lujo todo y la risita continuaba. “Los cubanos son un peligro en España”- me decía siempre medio en broma, medio en serio Oscar en Barcelona. “Los independentistas del siglo XIX cubano pensaban lo contrario”- le soltaba yo más en serio que en broma.
 
Después que pasamos por debajo de una varilla colocada a una altura de 2. 45 metros, me senté junto a Nora en el extremo de la tercera fila de una muy bien dispuesta y enorme platea creada para la ocasión en un corredor.
 
Cuando Mireya y Javier avanzaron por el amplio pasillo hacia el estrado, venían saludando llanamente al auditorio. Antes ya habíamos repasado en una pantalla muchas de las imágenes de sus hazañas deportivas y otras- inéditas para nosotros- de la ceremonia de entrega del codiciado Premio “Príncipe de Asturias” a Javier Sotomayor en 1993.
En Salamanca las Palabras de Elogio del Príncipe Felipe rendían tributo a todo el pueblo de Cuba a través de la figura de Javier.
 
El moderador introduce el dialogo y comienza el intercambio con dos de las figuras más sobresalientes del deporte cubano de todos los tiempos. Sin las páginas de gloria que escribieron Mireya Luis y Javier Sotomayor, el Movimiento Deportivo Cubano no palparía de igual manera el alcance y el significado de todos sus triunfos en el pasado siglo XX.
 
Ellos comienzan hablando de la psicología como ciencia aplicada al deporte y de su vital importancia en los procesos de preparación y entrenamiento para asumir, a pesar de los pesares, los más difíciles compromisos deportivos. Pienso en las diferencias y las ventajas que tiene en ese sentido la psicología en función del deporte con respecto al teatro.
Javier mira y valora el pasado a través de la figura de su entrenador Jose Godoy, y Mireya le ofrece todos los respetos y triunfos al maestro Eugenio George, declarado por la Federación Internacional de Voleibol como el “Entrenador del siglo XX”. Señalan con énfasis la importancia de haber tenido un maestro en la vida. Recuerdo a Vicente.
 
Ambos están de acuerdo con las nuevas disposiciones adoptadas por el gobierno cubano sobre los nuevos tridentes salariales para los deportistas de alto rendimiento y sus participaciones en clubes foráneos mediante contrataciones y acuerdos con el INDER. Un paso novedoso que, supuestamente, disminuiría las deserciones hacia el deporte rentado y resolvería cierto estancamiento en su proyección actual.
 
“Hay que negociar con mucho cuidado esos movimientos. Porque tampoco se trata de que un atleta cubano no pueda representar a Cuba en competencias internacionales de alto nivel por exigencias del Club al que pertenece. Pero de que estas medidas vienen a fortalecer y estimular a los atletas y al movimiento deportivo cubano, de eso no cabe la menor duda”- coinciden en sus apreciaciones.    
 
Un señor del público le pregunta a Javier si es cierto que siempre lleva consigo una virgencita de La Caridad, la santa patrona de Cuba. Javier sonríe mientras busca en su cartera la imagen de la Virgen que siempre le acompaña, no la encuentra pero es como si la hubiéramos visto. Mireya suelta una risita cómplice como la de nosotros cuando veníamos subiendo la celebrada escalera.
 
El cuento de la bronca con las brasileñas en las olimpiadas de Sídney 2000, no se hizo esperar. Todo empezó cuando las auriverdes- en la estrategia de distanciar a sus rivales cubanas durante la magna cita- les negaron el saludo a las “Morenas del Caribe”. “Habíamos descubierto una peluquería para mujeres negras de pelo malo y todas fuimos allí y nos pusimos trenzas de mil colores”- dice Mireya. “Queríamos que ellas (las brasileñas) nos halagaran pero nada de eso”.
 
De la peluquería a la cancha ante el asombro de sus millones de seguidores. ¡Preciosas estaban las negras cubanas! Perdieron el primer partido contra la selección brasilera en la fase clasificatoria y Eugenio les ordenó que se despeinaran y se quitaran las trenzas esas.
 
Llegaron a la discusión del oro versus las inspiradas brasileras. Comenzaron las ofensas de un lado hacia el otro de la cancha net por medio y el marcador caminando. El árbitro del encuentro llamó en privado a Mireya y le exigió disciplina como capitana del sexteto cubano. Mireya se reunió con las muchachas en el centro del tabloncillo y les dijo que el árbitro le había pedido que continuaran las ofensas.
 
Al término del partido la bronca continúo en los camerinos a puertas cerradas. La policía tuvo que intervenir. Cuba subió a lo más alto del podio olímpico y de eternas rivales pasaron a ser las mejores amigas de aquella fabulosa selección de voleibol brasileña que sembró la semilla del número uno que hoy ocupan en el ranking mundial.
 
La risa de Javier es muy contagiosa. “Es posible que haya querido excluir algún que otro momento doloroso de mi carrera deportiva”- responde a otra pregunta. “Por ejemplo, cuando sufrí la acusación ante el COI por consumo de cocaína y mi record mundial cayó en peligro”. “Pero lo importante es persistir y estar sereno ante las adversidades”- asegura El Soto y sigue riendo.
 
“Soy fanático del Real Madrid, no lo niego. Igual soy fanático al equipo de pelota de Matanzas”. Hace una pausa breve. “Aunque en los últimos años, tengo que reconocerlo, voy mas a España que a mi pueblo Limonar”- confiesa Javier. “Me encantaría que mi record del mundo (el 2. 45 metros en salto de altura) durara otros 20 años más, pero he visto a algunos atletas capaces de romperlo. Mi sueño es poder crear un evento competitivo en Cuba solo para esa disciplina”- comenta.
 
“Quizás me pase lo mismo que a Serguei Bubka que le acaban de romper su mítico record en salto con garrocha en una competencia que el mismo organizó y costeó”- dice Sotomayor dibujando otra sonrisa. “Pero me gustaría correr el riesgo”. “Durante mucho tiempo mi hijo me preguntaba que si yo era el ‘Príncipe de las Alturas’, entonces, quién era el Rey”.- concluye.
 
La velada termina y nadie lamenta las casi dos horas de intercambio con Javier y Mireya. Se levantan de sus asientos detrás de un largo y sostenido aplauso. Bajan del estrado y se mezclan con elegancia y entusiasmo entre la gente del público. De carrera se distinguen en las fotos.
Fue una tarde esplendida. Repleta de emociones. Bajamos la escalera y ‘regresamos’ a Cuba y a nuestros problemas más urgentes.
 
En España varias veces escuché decir que el día atravesao’ de la semana era el Jueves y no el Miércoles. Por lo menos ayer, esa “tesis” no se cumplió. Gracias a “Jueves de la Embajada” por la invitación.
 
La Habana, abril de 2014.

viernes, 2 de mayo de 2014

"Del Realismo Mágico a lo Real Maravilloso”

Por. Alejandro Palomino.
La foto de mi hijo con Formell.
“Morirse es más difícil de lo que uno cree”. Escribió Gabriel García Márquez en “Cien años de soledad”, esa obra maestra del Realismo Mágico que prácticamente agotó casi todos los recursos expresivos del estilo en los ‘tempranos’ setenta del siglo pasado, según la edad de “Los Van Van”.
 
Y lo que pasa es que aun la realidad latino/caribeña no se puede concebir sin aceptar que somos y estamos hechos a la medida del Realismo Mágico- o también si uno lo prefiere de Lo Real Maravilloso Carpenteriano- en “El Reino de este mundo”. ¿O será al revés?
 
En ese sentido pudiera pensarse de forma arriesgada que ser escritor es muy fácil en América Latina porque la realidad siempre es superior a la ficción literaria.
 
En los últimos días de este año la muerte se ha llevado a tres de los más grandes artistas de la música caribeña cual si de los Buendías en su Macondo se tratara. Por si fuera poco también le ha tocado morir al Gabo no sin antes decir que “Lo más malo de la muerte es que es para siempre”.
 
En un abrir y cerrar de ojos han muerto el puertorriqueño Cheo Feliciano, la dominicana Sonia Silvestre y el cubano Juan Formell, fundador y líder de la proverbial orquesta “Los Van Van”. Tres verdaderas leyendas del pentagrama musical caribeño.
 
La noticia de la muerte de Juan Formell llegó inesperadamente en la noche de ayer Primero de Mayo cuando todo parecía indicar que después de los resúmenes realizados por el desfile de los trabajadores ya no había otra nota más importante que transmitir al pueblo cubano. Una situación dramática muy extraña invadió los hogares de la Isla mientras el locutor del noticiero ofrecía con voz grave la mala nueva.
 
Paralizados nos quedamos todos los “Vanvaneros”. Este último tema de Formell no se puede bailar. Ha caído una columna de la música cubana dejando tras de sí una profunda afonía. El autor de “El buey cansado” y otros tantos ‘Temas/Crónicas’ de nuestra realidad criolla se ha marchado apenas sin despedirse, como suele ocurrir dentro de “Lo real maravilloso”.
 
Conocí a Formell personalmente en La Isla de la Juventud en un contexto que nos marcó para toda la vida a los que por allí pasamos. Su hijo Juan Carlos estudiaba en el mismo IPUEC que yo. Ya el muchacho era un guitarrista tremendo pero muy lejos estaba de pertenecer a la polémica banda neoyorkina “Danny Rojo & Sing Are” en donde hace unos años mostraría todo su potencial y herencia changuicera.
 
A aquel “Miércoles de Recreación” de 1980 de La Isla, llegó Formell con “Los Van Van” e invitó a subir al escenario a su hijo Juan Carlos para que ‘hiciera’ la guitarra en el difícil tema “Tal vez” que encumbrara la señora sentimiento Elena Burke.
 
Después de aquel inolvidable concierto en la plaza de formación, los amigos de Juan Carlos conversamos largo y tendido con Formell comiendo galleticas con leche condensada hasta el mismísimo “Chirrín Chirrían” de la noche. El maestro se despidió diciendo/cantando “Hasta la semana que viene”. Una promesa que no pudo cumplir.
 
Pero “Los Van Van” van y vienen siempre con la misma sabrosura y me “topé” otra vez con Formell en el ISA de mis tiempos de estudiante de la facultad de artes escénicas. Allí le recordé el concierto en “Vanguardia de La Habana” de La Isla y mi amistad con su hijo Juan Carlos. Se puso tan contento de que yo recordara aquella vieja historia que hasta me complació con “La sandunguera”, el clásico del Long Play “Por encima del nivel”, el mismo que rompiera “el embrujo” de que “Los Van Van” no eran De La Gran Escena.
 
Y la última vez que vi “en vivo y a todo color” al director de “Los Van Van” fue en el estadio Latinoamericano durante un choque entre los Industriales y Santiago de Cuba. Yo estaba sentado en la fila de atrás de Formell y a unos seis o siete asientos de distancia a su derecha. Pero en el estadio lo del Realismo Mágico o Lo Real Maravilloso si es totalmente apoteósico y ni siquiera intenté saludarlo.
 
Los entre innings no le alcanzaron para dedicar autógrafos y hacerse fotos con los aficionados de uno y otro bando a pesar de que Formell era (es) industrialista. Aquella tarde Industriales cayó ante su sempiterno rival pero mi lamento al final del partido consistía en no tener una foto con el maestro en aquel jolgorio inenarrable.
 
Pero anoche y casi junto al termino de la inesperada noticia de su muerte, mi hijo Yoan dice: “Yo tengo una foto con Formell”. Me quedé perplejo. En una de sus habituales labores como camarógrafo del ICRT, Yoan se retrató con Formell y toda la poesía que de su sonrisa emanaba.
 
Con esa sonrisa de “Daleeeee/con el corazón/muévete/muévete/eheh/ te recordaremos Juan Formell todos los cubanos Reales, Maravillosos y sobre todo los cubanos Mágicos.
Gracias Yoan por tu magia fotográfica.
Mi pésame para ti estés donde estés, amigo Juan Carlos. 
 
La Habana, mayo de 2014.

martes, 15 de abril de 2014

“Esta es la nueva escuela/esta es la nueva casa/casa/escuela nueva… (Bis)”. Todo era mentira.

Por. Alejandro Palomino.
                                                     La violencia engendra violencia.
                                                                    La mentira, destruye.

En el verano de 1976 varios grupos de niños del barrio Colón de Centro Habana, nos fuimos a estudiar y a trabajar para la otrora Isla de Pinos bajo los acordes y melodías de aquellas hermosas canciones del “Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC”.
Teníamos apenas doce años de edad y recién habíamos terminado los estudios de la educación primaria. Hoy no recuerdo con exactitud todos los detalles iníciales de aquel siniestro episodio que aceleró nuestra infancia y adolescencia.
Repaso que al terminar el curso escolar del sexto grado, nuestros padres fueron citados a una ‘reunión urgente’ en la escuela de turno y allí llenaron (o firmaron) unas planillas de rigor para que- bajo su conformidad y autorización- sus hijos se incorporaran al proyecto Socio/laboral/Educativo definido como “La Nueva Escuela” en donde, sin lugar a dudas, nos “formaríamos” como el “Hombre Nuevo” que necesitaba el agudo proceso revolucionario cubano.
Entonces, a la voz de mando, con maleta de madera en ristre y vestiditos y peinaditos como se ve en las fotos en blanco y negro de la década del setenta, estábamos haciendo fila bajo el sol de agosto en la explanada del viejo espigón del puerto de Batabanó al sur de La Habana. Íbamos cantando “Esta es la nueva escuela/esta es la nueva casa/casa/escuela nueva…”.
En los cargueros mercantes “Palma Soriano” y “Jibacoa” la travesía marítima duraba de seis a ocho horas hasta Nueva Gerona, según la carga, las condiciones del tiempo y las reglas para la navegación.
En el “Comandante Pinares” o el “Isla de la Juventud” (de pasajeros ambos) el viaje era un poquito más rápido pero no por ello los mareos y los vómitos disminuían.
Desde la ventanilla de la guagua el diseño arquitectónico “Girón” de las ESBEC y los IPUEC (las “Nuevas Escuelas”)- constituidas por tres bloques o edificios de desiguales dimensiones y de acuerdo a sus utilidades- adornaban, como punticos blancos en la lejanía el organizado paisaje verde conformado por citrícolas surcos y regias cortinas de pino, las afueras de Gerona.
Los regadíos por aspersión bañaban constantemente los arbustos francamente enyerbados pero bien cargados de toronjas, naranjas y limones. Faena dura de chapeo y recolección la que nos esperaba debajo de las santanillas.
Por amor estamos haciendo/…/para por amor seguir trabajando/…/Que nadie interrumpa el ritmo/queremos amar en paz/para decir en un grito/ ¡Cuba va!/ ¡Cuba va/ (Bis)- estrofa de otra memorable, triunfalista y estandarte canción del Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC.   
Unos niños nos quedamos en “Protesta de Baragua”, otros en “Micaela Labastida”; algunos continuaron hasta la “19 de Abril” o “Vanguardia de La Habana” y así nos fueron ‘despachando’ de Escuela Nueva en Nueva Escuela a lo largo y ancho de toda la Isla de Pinos de 1976.
Entregados los expedientes escolares fuimos conducidos en fila india hacia  la Plaza de Formación ubicada entre el edificio docente y los dormitorios. El severo discurso del director de la escuela- de albúmina formación “Makarenka”- no se hizo esperar. Entendidos los “puntos sobre las íes” comenzamos por las mañanas a recolectar toronjas con fines de exportación y a recibir clases por las tardes para convertirnos en verdaderos “Hombres Nuevos” como lo necesitaba la revolución. 
Un horario estricto y riguroso para cada actividad a desarrollar. La Diana para el despertar se produce a las 6.00am y para el descanso a las 10.00 de la noche. 16 horas de continuas y duras acciones durante 25 días al mes por 3 de Pase o Permiso para visitar a nuestras familias.
Nuestra estancia en La Isla estaba planteada para 6 largos años entre los estudios de la enseñanza secundaria y preuniversitaria. Ingresamos con 12 a la “Nueva Escuela” y nos graduaríamos como “Hombres Nuevos” a los 18 años. Todo era cuestión de tiempo. “Esas canciones no mienten, compadre”- aclarábamos.    
La cantidad de aspirantes a “Hombres Nuevos” alcanzaba la astronómica cifra de 600 estudiantes por escuela y rara vez en el desayuno alcanzaba la leche para todos los niños. El menú del almuerzo y la comida gravita reiteradamente en Harina de maíz bien caliente, Chicharos aguaos y Sardinas en conserva (de la lata), todo servido en irregulares bandejas de calamina.
El piso del comedor es resbaladizo e intratable. Fácilmente podías llegar a tu mesa después de una estrepitosa caída y sin los preciados alimentos.  Pero todo era cuestión de Adaptarse a las Dificultades.
“Hay que adaptarse a las dificultades”- repetía insistente el profesor de ‘Vida Interna’.  
Un especial momento de cada jornada consistía en que para comenzar y cerrar cualquier actividad era obligatorio decir a coro un slogan triunfalista desde la regular formación por grupos y henchida actitud militar.
“Solo los cristales se rajan, los hombres mueren de pie” o “Los hombres mueren, el Partido es inmortal”, eran más bien los lemas habituales que iniciaban y daban por concluidas las desiguales y difíciles tareas a vencer. 
Recordemos que en 1975 se había celebrado con éxito el Primer Congreso de Partido Comunista de Cuba pero entre sus acuerdos nunca figuró el lineamiento de que al comedor de una ESBEC no tenías acceso si no decías el LEMA desde la Plaza de Formación.
Por último, en el dormitorio el compromiso de mantener el orden disciplinario recae en los hombros de tres niños: el Jefe de Albergue, su segundo al mando y el Jefe de limpieza. Todos designados por la Dirección de la “Nueva Escuela/Nueva Casa”.
Ellos también son estudiantes/aspirantes a “Hombres Nuevos”, pero… han llegado aquí con serios problemas de conducta y proclives a la delincuencia. Víctimas de las más perturbadoras manifestaciones de violencia familiar y social, muy agresivos.
Nacidos y crecidos en los círculos más hostiles de los ruedos marginales y marginados por la sociedad de un país en pleno escenario de crisis económica y de no pocos valores éticos corriendo la misma suerte.
El sistema de comportamiento en los dormitorios y otros espacios de la institución se porta tan carcelario como a la vieja usanza de las prisiones de aislamiento. Se vuelven comunes y familiares las golpizas y los abusos. Los atropellos cobran presencia en los rostros amoratados y los escuálidos cuerpos de los más indefensos. La cacería es infernal entre las literas y de cubículos a cubículos. 
Muchas veces los niños blancos son golpeados, ultrajados y perseguidos por otros niños negros y viceversa. Debido al acoso y el maltrato, los más indefensos prefieren dormir en las mesas de las aulas del edificio docente o incluso, en los peligrosos aleros de la instalación en el intento de burlar la asechanza y evitar las palizas.
Con frecuencia les roban el colchón, la sábana; les prenden candela en los pies mientras duermen o les revientan una bofetada en pleno descanso nocturno y no pueden trasmitir la queja porque eso puede ser peor para ellos. “¿Será mentira lo del ‘hombre nuevo’ y la ‘nueva escuela’?- nos preguntábamos continuamente. “Hay que adaptarse a las dificultades”- repetía el ‘Vida Interna’ y el tiempo seguía pasando factura.
 Nadie le pone coto al desatino, la torpeza, la discriminación racial o la animadversión. Los desprecios y las iniquidades son permanentes y todo sucede como si el profesorado no tuviera ‘jurisdicción’ en los albergues. Hacen caso omiso y la vista gorda de lo que allí ocurre.
Los auto/robos amañados y ejecutados por los propios ‘niños jefes’ sobre sus pertenencias, implican para los demás largos castigos de formaciones en posición inmóvil (¡FIRMES!) hasta altas horas de la madrugada y con el cuerpo desnudo a la intemperie. Mientras dura la penitencia uno de los jefes golpea con un cinturón las espaldas y los glúteos de los muchachos colocados en hilera.
Se pierde la noción del tiempo en “La nueva escuela/nueva casa” y los niños de entonces, ya no éramos los mismos. Aprobada la Nueva Plataforma Programática del Partido, Isla de Pinos cambia su nombre por: “Municipio Especial Isla de la Juventud” y en La Habana se celebra a todo bombo y platillo el “XI Festival Internacional de la Juventud y los Estudiantes”.
Una mañana absurda de la “Nueva Escuela” un niño agrede a otro con un machete y le troza en pedazos el muslo derecho. Ese mismo día aparece debajo de una litera una maleta de madera con tres pistolas escondidas y aunque ‘el hallazgo’ es reportado no pasa nada.
Dos chicas de 14 años son expulsadas deshonrosa y públicamente del centro escolar por haberse besado en los labios y otras tres de la misma edad están embarazadas del profesor de química. Mientras, un destacado profesor de Astronomía es expulsado del sector por homosexual.
Una alarma tardía por el engaño se dispara entre los padres de muchos niños.              
Los ‘inadaptados’ se marchan de las casi totalmente destruidas, saqueadas y empantanadas “Nuevas Escuelas”. Eso a riesgo de que les ‘manchen’ el expediente escolar y les marquen oficialmente como “Rajados”- una condición que NO les permitirá continuar sus estudios en una escuela secundaria urbana.
Entre los que se quedan se establece el ‘Pandillaje’ como cotidiano modo de vida y ‘Peñas en Tropel’ de estudiantes/aspirantes a la sublime pero muy rara condición de “Hombres Nuevos”. La violencia en el perímetro puede llegar a superar las múltiples visiones estereotipadas existentes sobre el tema. En el lance pandillero cumplimos 18 años.
Todo era mentira.
El despojo, el fraude académico, los maltratos, las sustracciones, las golpizas, el estimulado ejercicio de la chivatería y las encerronas a boca de jarro dejaron profundas heridas en la memoria de todos los que una vez habíamos anhelado convertirnos en indiscutibles “Hombres Nuevos” en aquellas blancas “Nuevas Escuelas/Nuevas Casas”. Un Proyecto convertido en una autentica Pesadilla. “Esas canciones son una mierda, asere”- concluimos. 
Una infame mentira.
El destino de muchos de nosotros como Hombres Modernos ha sido dudoso. Varios se fueron de Cuba por el puerto del Mariel en abril de 1980. Otros lo hicieron en rústicas embarcaciones detrás de la explosión social desatada en La Habana en agosto de 1994. No pocos habían muerto en la guerra de Angola.
Algunos no salieron jamás de las prisiones habaneras. Un grupo significativo ‘se busca la vida’ en el mercado negro y los más afortunados sacamos fuerzas de flaquezas cumpliendo 3 años en el ejercito militar para poder realizar después estudios universitarios buscando crear y desplegar una familia sin traumas en el país que nos vio nacer. 
Esos niños cubanos de 1976 hemos llegado a los 50 años de vida.
¿Alguien quiere continuar mintiéndonos?
 
La Habana, 4 de abril de 2014.      

jueves, 13 de marzo de 2014

El silencio en Cuba sobre "El Caballero del Progreso"

Por. Alejandro Palomino.
 
Entre las múltiples proezas del Movimiento Deportivo Cubano del pasado siglo XX existe una que ha sido eliminada por ‘no presentación’.
Un largo silencio pesa sobre ella. Se trata de la inclusión del driver profesional Marcelino Amador entre los diez mejores corredores del mundo de la velocidad automovilística.
El hecho ocurrió en 1925 cuando la prensa deportiva especializada del momento en esa disciplina- y debido a sus irrefutables conquistas- sitúa a Marcelino en el 9no lugar del ranking internacional.
Braulio Alejandro Marcelino Amador Reguera había nacido en España a finales del siglo XIX. Pero por voluntad expresa de su padre emigra muy joven a La Habana en 1913 procedente de La Coruña, coincidiendo su llegada a la Isla con la entrada del primer auto marca Ford de fabricación norteamericana a la capital cubana.
En noviembre de ese mismo año, en el ya desaparecido “Circuito de la Calzada de Ayestaran” del Cerro, Marcelino se convierte en el primer driver que en Cuba alcanza la velocidad de 93 kilómetros por hora (Kph). Hasta ese momento nadie había logrado superar los 60Kph en ninguna competencia oficial de la naciente escuela deportiva de la velocidad automovilística cubana.      
 Comienza así la extensa lista de triunfos y victorias que hicieron de Marcelino Amador un driver trascendental dentro de la historia del deporte cubano de todos los tiempos.
Tuve el privilegio de conocer a Sara Elena Amador Toboso, hija única del gran Marcelino Amador. Una mujer generosa y culta- reconocida maestra de piano de notables músicos contemporáneos cubanos- que dedicó muchos años de su vida a proteger y recopilar con celo y orgullo la historia de la carrera deportiva de su padre en su libro inédito “El torero de gasolina”.
 
Cuenta Sara Elena en su espléndida obra que “Desde muy temprana edad mi padre comenzó a tener inclinación por el ‘Arte’ del Toreo”. Vocación que rápidamente  disparó la alarma en la humilde familia de la calle Primavera en la ciudad de La Coruña en la España de 1912.
 
Ante tantas calamidades en La Península, para el padre de Marcelino no fue complicado tomar la irrevocable decisión de enviar a su hijo a Cuba, no solo para alejarlo de las peligrosas rutinas del toreo y un muy posible trágico desenlace de su vida, sino también con el designio de “asegurarle un futuro promisorio al muchacho dentro de la adelantada capital cubana de principios del siglo XX”- apunta Sara Elena en su manuscrito.
 
A un exilio forzoso marcha Marcelino con apenas 17 años y la dura misión de ‘parir a medias’ y auxiliar económicamente a su deprimida familia en la devastada y fragmentada A Coruña. Polémico, delicado e irónico drama para todos los cubanos que hoy en el exilio le lanzan una mirada inteligente al lugar donde quizás vayan a morir, pero especialmente para aquellos que en su andar por aquellos lares le dibujan una sonrisa a la geografía de la postmoderna- en pleno postmoderno caos económico- península española.      
 
Sara Elena recrea en su libro “El torero de gasolina” como comienza en 1913 una de las leyendas más extraordinaria de un emigrante gallego en la mayor de las Antillas. Una historia repleta de grandes hazañas a favor del movimiento deportivo cubano de todas las épocas. Un patrimonio formidable. Pero también, un lamentable ‘olvido’ sobre una arista más de nuestro proceso intercultural y de formación de nuestra variopinta nacionalidad.
 
La fabulosa historia deportiva de Marcelino permanece excluida en las crónicas del deporte cubano desde 1963. Reina el silencio sin causa.  
 
Tengo ante mí- ordenados cronológicamente dentro de tres enormes y cuidadísimos álbumes con estoicas caratulas al paso del tiempo- todos los valiosísimos documentos oficiales (periódicos, revistas, fotos, cartas, acreditaciones, mensajes, diseños, crónicas, recortes, certificados de nacimiento, actas de defunciones, etc) que le sirvieran a Sara Elena Amador como soporte y valor añadido para su fabulosa y trascendental investigación.
 
También tengo a mi lado a Nora Elena Rodriguez Cruz, ella es la heredera universal de todos los bienes de Sara Amador. Todos sus esfuerzos por conseguir en Cuba la importante y cardinal publicación de “El torero de gasolina” han sido en vano. “Esta historia no pertenece al deporte revolucionario”- le han ofrecido como ‘lógica’ respuesta las autoridades competentes.
 
Igual, Nora se resiste verticalmente a que una conocida televisora extranjera especializada en deportes le compre los Derechos de Exhibición de “El torero…” para transmutar y falsear la historia de “El invencible”. “Ese productor está tan equivocado como la gente de aquí”. “La política no cabe en ESTA azucarera”- me dice Nora con sabrosura trigueña parafraseando al trovador.      
 
Escribo a ‘golpe’ de cafecito mezclado con chícharo de la bodega que Nora Elena acaba de colar. En el corte del quinto inning del partido de esta noche- yo también soñé con ser un pelotero famoso de la MLB- la televisión pasa un spot glorificando uno de los “Grandes Momentos del Deporte Cubano”.
 
Obviamente, el que aparece es un gran momento que se inscribe en la etapa del deporte cubano posterior al primero de enero de 1959. El revolucionario. El resto no lo es. “Apúntenlo”- como rezan “Los Papines”. 
 
La judoca llora en la cúspide olímpica. Estremecedoras imágenes, recuerdo ese instante. En Cuba, “El Deporte es un derecho del pueblo”- también rezaba la valla que quitaron de la Cuidad Deportiva en Via Blanca y Boyeros.
Me apuro sin prisa y desempolvo entonces solo cuatro momentos cumbres de la robusta carrera deportiva de Marcelino Amador como driver profesional cubano: 
  1. En 1918 gana la Gran Copa “Cuban American Club” en la pista Oriental Park en la categoría abierta con la marca Cadillac (Stock) desplegando la velocidad record para ese evento: 59,6 millas por hora (Mph).
  2. El 20 de mayo de 1920 en la carrera “Artemisa/Cayajabos”- con la carretera en muy mal estado- Amador impone el record de velocidad de 138,46 kph en un Cole (Stock).
  3. El 24 de junio de 1920 aparece como campeón absoluto de Cuba y la prensa lo cataloga como “El invencible”.
4.      En 1925 se incluye en la lista de los diez mejores corredores del mundo en la disciplina de la velocidad automovilística.
 
A partir de 1925 Marcelino recibió el sobrenombre de “El Caballero del Progreso” por sus compañeros de escudería. Su osadía y talento como deportista y sus aportes- en función de revalidar los adelantos tecnológicos en el terreno de la mecánica y la velocidad automotriz- no tuvieron límites en las pistas de los desaparecidos Circuitos Habaneros y otros de Norteamérica.      
 
 En 1936 Amador se retira como volante activo y en 1941 es designado Starter Oficial de carreras de autos y motos hasta 1963. Siempre compitió en Clubes cubanos y murió a los 88 años de edad  sin tener el menor incidente del tránsito.
 
Su hija Sara falleció en abril del 2004. Estas líneas rinden tributo a su “Torero de gasolina” y representa el primer granito de arena para la realización del documental cinematográfico “El caballero del Progreso”, una atrevida producción independiente en estos tiempos de crisis postmoderna en Europa y total desconcierto en el Caribe.    
 
 Ya rugen los motores en la arrancada. Hasta aquí llegó el silencio.
La Habana, Cuba. Marzo de 2014.