lunes, 29 de diciembre de 2014

"La mala memoria"



Por. Alejandro Palomino.

El cerdo asado, la yuca con mojo, el plátano maduro frito, la ensalada de tomate y el congrí, más dulces caseros como postre, es lo que se conoce en casi toda Cuba como “La Cena” del 31 de diciembre. Lo que conduciría a sospechar que en Cuba sólo cenamos el último día del año. Pero en realidad no es tan así, obviamente.

Desde diciembre de 1998- y atendiendo a las apostólicas suplicas del Papa Juan Pablo II cuando nos visitó en enero de ese año- los cubanos que ahora tenemos 50 abriles también ¿aprendimos? a cenar en la Noche Buena con el arbolito de navidad y los bombillitos parpadeando como en las películas americanas.

Los 363 días restantes del año, los cubanos comemos “una completa” regularmente a deshora.

En 1985, en el Instituto Superior de Arte, una apasionada profesora de literatura en franca discusión acalorada nos explicó los motivos por los cuales en Cuba no se celebraba la Noche Buena desde los primeros años de la revolución. Según ella no se trataba de una prohibición gubernamental o administrativa de esa ceremonia católica, como sostenían algunos paisanos de aula.

Desde el estrado donde mismo había desentrañado los hermosos versos de Neruda y Vallejo, hablaba con exaltación y sin aparente demagogia de la importancia que para la Producción Azucarera en Cuba y el desarrollo de nuestro Proceso Revolucionario tienen estas fechas del año. Era preciso concentrar toda la energía y recursos en ese sentido, aclaraba.

Años más tarde, y a partir de una decisión tomada ‘por las consecuencias del desmerengamiento del campo socialista’, los principales centrales azucareros del país apagaron sus máquinas y cerraron sus puertas.

El precio del barril de petróleo estaba por las nubes en el mercado mundial. Una circunstancia abusiva para el delicado escenario económico/social cubano en pleno Periodo Especial. De ese trienio ’93, ’94 y ’95 pululan las buenas memorias.

Poco tiempo después y de mano en mano- como suele ocurrir domésticamente desde la avalancha tecnológica- aparece entre nosotros un video recóndito con una conferencia magistral de un destacado economista cubano ofrecida en una prestigiosa instalación oficial.

El hombre, en un derroche de entusiasmo y con un verbo robusto como educador experimentado, explica y argumenta el porqué constituyó un craso error el cierre de los centrales azucareros y la recesión de sus producciones.

De buena tinta conocimos que un número significativo de hombres y mujeres que habían dedicado sus estudios, esfuerzos y su vida entera al sector azucarero quedaron sin destino profesional seguro y a la buena de Dios en un terreno desconocido de nuevas opciones de trabajo en la naciente apertura hacia los negocios privados.

Pero el “tiro de gracia” fue cuando también supimos al dedillo que- según las estadísticas históricas- el principal renglón de la economía cubana seguía siendo la… ¡Producción Azucarera!

No obstante, retomar las herramientas de la zafra de turno no implicó dejar de reunirnos a cenar en familia el día de Noche Buena y a estas alturas mi profesora de literatura vive en el exilio. “Para qué emborronar cuartillas. Debajo del sol no hay nada nuevo”- diría ella.

De todas formas, reanudar la discusión de que “si eran Galgos o Podencos” aquellos perros de la fábula ya no tiene sentido alguno. Muchos de nosotros nunca hemos entendido muy bien el reguero de algodón al pie del arbolito en tiempos interminables de sobradas escaseces y seguimos haciéndonos la boca aguas con el cerdo asado, la yuca con mojo y el brindis familiar del 31 de diciembre.

Es un día de recuentos y recuerdos el 31. De dolorosas ausencias y extrañas alegrías que de golpe y porrazo invaden los hogares. Es un día de limar asperezas entre la gente que se quiere. De recibir al que llega con los brazos abiertos. De una gran polifonía que planea y se acomoda sobre los techos desde bien temprano en la mañana.

“Ya se está acabando el año/diciembre se acaba ya/agárralo que se te escapa/agárralo que se te va… (Bis)”- rezaba el estribillo de aquella inolvidable canción de finales de los ‘80 que para los melancólicos como yo, seguimos aferrados a los clásicos temas de Irakere, AfroCuba, Mezcla, Opus 13 y hasta los picantosos de NG La Banda. Sin esas canciones no hay 31 que valga en mi casa.

Más atrás- desde los Vanvaneros ’70 y buena parte de los “abundantes” ‘80- la explosión de las orquestas de música popular bailable habían dejado bien marcada su impronta en el pentagrama musical nacional.

Los Reyes ’73, La Monumental, La Banda Meteoro, Aliamen, Los Latinos, Rumba Habana, La Ritmo Oriental y otras de gran arraigo y preferencia entre los bailadores, dominaban las tarimas y carrozas en los carnavales de mujeres “Estrellas & Luceros” y antológicas comparsas de Guaracheros de Regla, Los Dandi, El Alacrán y La Jardinera.

La poderosa imagen de botas rusas con pantalones campanas bailando hasta el amanecer “Que prendan/prendan/ el mechón/…” o “Debajo de la cama esta el majá/ciudao’ que te pica y se te va/…” a lo largo de todo el Paseo del Prado habanero no se nos puede olvidar a los fiñes de entonces.

Como tampoco podemos olvidar a nuestros padres y abuelos abrazados, felicitándose y gritando a las 12 de la noche de cada 31 de diciembre: ¡Viva la Revolución! y acto seguido los disparos al aire de la Makarov de aquel vecino militar.

No era una dispersión recordar a las orquestas de música popular bailable. Tan mala memoria no podemos tener los fiñes de entonces.

¡Feliz navidad, paisanos!

¡Feliz año nuevo 2015!



martes, 11 de noviembre de 2014

Paréntesis abierto para el equipo de realización de “Panorama desde el puente”

Por. Alejandro Palomino.

En el último lustro de la década del ochenta del pasado siglo- eran mis tiempos de beca como estudiante de la Facultad de Artes Escénicas del Instituto Superior de Arte- el pasaje del transporte público todavía costaba cinco centavos, “un níquel” al decir de los más viejos en Cuba.

Según el itinerario, era relativamente fácil coger una guagua en el paradero de Playa y bajarte en el Vedado para ir al teatro, al cine o a una galería y cerrar la noche en el Coopelia sano y de buen gusto, o en una de las abundantes pizzerías que con nombres italianos todas, abrían con elegancia sus puertas en ese cardinal barrio habanero fiel y entrañable protagonista de las letras de Guillermo Cabrera Infante.

El acto de graduados de nivel superior presumía un salario mensual de 198.00 pesos en moneda nacional. No existían, desde luego, las Casas de Cambio, no hacían falta, aunque en el mercado negro el canje circulaba a 5 pesos cubanos por un dólar americano. Poco más, poco menos.

Un par de tenis de dudosa calidad en “la shopping” podía llegar a costar unos cuatro dólares americanos. Pero desafiar la “Ley de Tenencia Ilegal de Divisas” representaba cumplir un año de prisión por cada dólar que te ocuparan. Todo un rompecabezas para los marchantes nocturnos del Vedado. 

Lejos de aquel trapicheo entrabamos nosotros, los recién graduados del ISA, a la vida cultural y profesional del país con 198.00 pesos en la mochila. No era mucho pero te defendías.   

Si íbamos al Hubert de Blanch- otrora sede del desaparecido y emblemático Teatro Estudio- a ver las esenciales puestas en escena de los maestros Vicente y Raquel Revuelta, Berta Martinez, Abelardo Estorino o al Teatro Mella siguiendo una robusta cartelera entre las acogidas de Danza Contemporánea de Cuba, el Folklórico Nacional o los monumentales y transgresores espectáculos del querido Roberto Blanco, teníamos la opción de merendar con dinero de bolsillo en la crucial cafetería California o en El Potín (“oficina de Roberto”- apuntaban los actores de Irrumpe) o en El Carmelo y hasta pagar algunos precios de la carta del restaurante El Jardín (“oficina” de Brene, me recuerda José R Vigo, actor de mil cruzadas).

Los más suertudos de nosotros si lográbamos trabajar en un programa de poca monta en la televisión, o si en la radio saltábamos “del banco” al micrófono, podíamos terminar el paseo de un sábado teatral cualquiera comiendo en La Carreta, El Cochinito, El Wuacamba o quizás en El Polinesio, El Conejito, según la mediana o larga y multicolor cola para entrar.

Había quien elegía un Club al mes para “sobresaltar” a la novia, y ahí estaba a la vuelta de la esquina El Sherezada, el Club 23, El Pico Blanco y hasta Las Cañitas del hotel Habana Libre, entre otros lugares de buenos feelings.

No era difícil hospedarte un fin de semana en el Hotel Sevilla de Prado y Trocadero, a unos pasos de la casa del gordo Lezama. Todo significaba algo más allá del hecho mismo.

Lista La Habana entera para estos infantes vivitos y coleando, recién graduados y nada de difuntos. Hacer teatro nunca ha sido labor fácil. Es un oficio muy egoísta. Casi siempre haces el teatro que pagas de tu bolsillo. Pero ese gesto no nos cohibía de más o menos incluirnos en la dinámica de una ciudad en apogeo y con opciones inmediatas a nuestra economía. De carencias no hablemos, no viene al caso.

Europa del este era una autentica bomba de tiempo. En Rumania fusilan al presidente y a su esposa por crimen de lesa humanidad, la RDA pasa por encima de los restos del muro de Berlín y en Moscú Boris Yetsin obliga a Gorbachov a firmar su renuncia como mandatario del Kremlin. En Cuba, el 26 de julio de 1993 se despenaliza el dólar y el 5 de agosto del año siguiente se desata la explosión social conocida como “Crisis de los balseros”. En ese contexto nace Vital Teatro.

El panorama nacional no puede ser peor. La depresión trasciende los mercados. La inventiva se trastoca en lo absurdo y genera más obstáculos. Nadie escapa a la pesadilla de los apagones organizados por zonas.        

En nuestros contrastes de lo que cada cual ha encontrado durante estas peliagudas más de dos décadas, siempre coincido con mi querido amigo Amado Del Pino en que asistir actualmente al teatro u otra acción cultural implica no solo desafiar el añejo problema del transporte público que “mientras agonizamos” se ajusta cada vez más a los ‘almendrones’ de diez o veinte pesos según la distancia a recorrer. Nuestro intercambio pica y se extiende sobre varios temas relacionados.

Hay un fenómeno cierto. Casi toda la gastronomía de la capital y los lugares de distracción diseñados con carácter exclusivamente lúdicos han pasado a ser negocios privados o las conocidas cooperativas con siderales precios, lo que contrasta diametralmente con el salario que devengamos los profesionales cubanos.

Eso, obviamente supone un absoluto y total divorcio entre dos esferas de la sociedad cubana que siempre fueron armónicamente de la mano, incluso, en los complejos años setenta cuando de botas rusas se llenaba el Paseo del Prado en la fiesta mayor de todos nosotros: Los Carnavales. 

El problema es grave. La década del noventa y su crisis económica sigue pasando factura. No hay intereses creados en reciprocidad y nadie puede luchar contra la banalidad del mercado alternativo sino ofrece profesional competencia. Pero para establecer un ritmo capaz, acorde, eficaz y competitivo ante las ofertas de ese mercado electivo, Ud tiene la obligación de espolear y estimular a los profesionales como hasta ahora no lo ha conseguido..

Es inadmisible el hecho de que un actor profesional de nuestro país- del teatro en este caso- siga cobrando un salario mensual de 640.00 pesos cubanos mientras el canje se eterniza en 25 pesos por 1cuc. Una solución urgente por parte de la unidad rectora se impone en esa dirección. Tema tan aciago como un domingo lluvioso y triste. Ver emigrar a sus principales agentes es una profunda herida que sigue desangrando al teatro como manifestación artística.

El mundo ha cambiado extraordinariamente. No es un secreto para nadie. Las nuevas tecnologías están integradas a la vida de cualquier adolescente, de cualquier joven. La idea de que un espectáculo teatral se convierta en una opción inteligente y emocionante, de comunicación y pensamiento para la gente media o común, cuando muchas ofertas ya les dieron más que la espalda, parece a simple vista una locura irremediable.
Mucho más complicado es considerar “armónico y normal” el montaje de un espectáculo teatral a contracorriente de algunas actitudes tendenciosas que de entrada miran por encima del hombro tu trabajo como artista. No es nuevo. Los procesos de in o exclusión en nuestro movimiento teatral son legendarios, como legendarias son las subjetividades de los que deciden cuales agrupaciones teatrales van a desfilar por los escenarios de un festival o quiénes son los intérpretes que merecen de antemano ser incluidos en las calcadas listas de nominaciones a un premio de actuación.
Avanzar en ese sentido a partir de una ética profesional del dialogo parece una ilusión venida a menos. No obstante, hay que elogiar los esfuerzos de algunas opiniones tenaces, surgidas dentro de la Sección de Critica e Investigación de la Asociación de Artistas Escénicos de la UNEAC, en aras de ser justos y no seguir premiando proyectos e individualidades que ni siquiera definen una vocación.
Mientras tanto, le escribo estas líneas abiertas al equipo de realización de “Panorama desde el puente” para que sigamos la fiesta de hacer teatro y celebremos el poderoso acto de haber conseguido- a pesar de los pesares económicos y otros lastres- repletar de viernes a domingo la sala Raquel Revuelta luego de sufrir, incluso, la fractura en dos partes de la temporada inicialmente diseñada. Lo que habla con voz firme y plena convicción de nuestra energía y capacidad de entrega hacia nuestro trabajo y de la necesidad para el público de dialogar y polemizar con un espectáculo como este. 
Han sido estas duras jornadas de trabajo. Ustedes lo saben mejor que nadie y nadie vendrá a reconocerlas mejor que ustedes mismos. Háganlo con humildad para poder saborear mejor lo que han- hemos- aprendido y aprehendido como resultado de nuestras discusiones durante el intenso proceso de montaje de “Panorama desde el puente”.
Esperándonos están “El Precio” y “Recuerdo de dos lunes” para completar la trilogía con textos del gran Arthur Miller y evocar la figura y el legado del maestro Vicente, cuya silueta sigue y seguirá moviéndose por el Vedado habanero.
La Habana, último día de octubre de 2014.    


lunes, 1 de septiembre de 2014

Ariel, el Colorao’, el Blanco y la excavadora.

“No es la grúa. Es la araña que quiere jamarse a la mosca”. Texto de Manolo en la pieza teatral “Mi socio Manolo” de Eugenio Hernandez Espinosa.


Cuando Ariel puso los pies en Rancho Boyeros enfiló su rumbo hacia la casa de su amigo El Blanco. Llega, suelta los bártulos y en un abrir y cerrar de ojos hace el recuento.    
Hacía más de cuatro años que no venía a La Habana y ya “el gorrión” lo estaba matando. Sus canciones más recientes no tienen dolor y eso lo tiene con el alma colgando de un hilo.
“Cuando llevas más de treinta y dos meses de creditico invierno y al amparo de Facebook, Cuba parece el país más lejos del mundo”- dice y de un salto sale a la calle sin miedo. A dos manos comienza a gastar dinero.
Entre caladas torcidas va dando tumbos por el oeste de la ciudad hasta que gira y se sorprende en la caprichosa esquina de 60 y 29. El olor a frijoles negros le desfigura la boca en una mueca infantil. Los recuerdos lo aplastan bajo la pálida luz amarillenta del poste de madera. Parece un esperpento en el claro/oscuro del Buena Vista habanero. 
Los chamacos de antaño plantan el noctambulo dominó y le dan “agua” a las piezas. Fiel al ritual, Ariel ameniza el partido con pollo frito, una caja de cerveza y la botella de Caney. “Un carro pasa muy despacito por la avenida/y a la carrera pero sin ruido cruza la calle”. No la canta pero la tararea. Anda enlazando tiempos.
Pierde tres datas seguidas pero la melodía lo impulsa y sigue de largo sacudiéndose de las presencias. Maneja muy bien los simulacros hasta despejar el ramalazo de las pérdidas.
Regresa, llora debajo de la ducha y duerme tres horas. El problema va a ser cuando se despierte, revise el bolsillo y vea cuánto ha gastado en la gracia.
Amanece y es finales agosto. Pasa una semana y no llueve. Los “almendrones” rugen y el olor a petróleo ahoga la capital. Suena la timba por doquier y cuatro gritos en el solar rompen las cortinas de lienzos que se hacen pasar por puertas.
Las moscas que revolotean sobre la basura desbordada le sigue pareciendo la peor noticia para una ciudad que insiste en mezclar imágenes muy duras con otras verdaderamente sublimes. “Aquí la gente no tiene la menor idea del montón de años que hacen falta para que se desintegre la bazofia”- piensa.
Pepe el judío abre la bodega y cuelga el cartelito de “HAY RON DE LA BODEGA”. No puede entender que al paso del tiempo eso siga existiendo.
Los carretilleros entablan la competencia haciendo alarde de sus poderosas voces en pregones de nuevo tipo. Se vende cualquier cosa, pero no se compra casi nada. Apura el paso y dobla por 48. No quiere perder ni un minuto de su último día en La Habana. El Colorao lo espera guitarra en ristre en el Bar de Las Sopitas.
“El dinero se ha hecho para gastarlo”- le dice al Colorao de juglar a juglar y añade:- “Pero aquí se volatiza, mi hermano. No hay economía que aguante estos siderales precios”. La S final de siderales le sirve para ironizar mejor. “Sale mucho más barato ir de vacaciones a un balneario en Croacia”- asegura y ríe.  Llega el camarero con la carta. “¿Qué vas a comer Colorao?”
“Aquí la gente no cree en nadie a riesgo de parecer ignorantes, asere”- explica el Colorao. “También hay gente que sueñan con abrazar a otra gente pero que solos están”. El Colorao enfunda la guitarra, desliza un dedo por la frente y ordena el plato más caro sin pensarlo dos veces.
El Negro murió hace más de un año. Santiaguito también murió y Vida… ¿a la muerte le queda un tiro?
El Centro Pablo sigue en La Habana Vieja gracias a los enormes esfuerzos de Víctor y Maria. Mientras tanto, a los Estudios Abdala le han cortado el fluido eléctrico y Silvio se queja en Segunda Cita y en el Portal Cubasi.cu a un clic de distancia- según reza en azul su slogan.
“Hace unos días un viceministro de cultura dijo que no puede pagar la deuda eléctrica de Abdala porque las empresas deben pagar sus propias deudas”- escribió Silvio y Ariel frunce el ceño.
“No entiendo nada. Hay que hacerse el sueco para decir semejante cosa”- comenta Ariel. “En cualquier parte del mundo usted paga lo que consume. Y si no lo paga va preso por moroso y negligente”. “No entiendo nada”. “O va preso el viceministro o va preso Silvio”. “No entiendo nada”- repite ensimismado.
“Esto se ha vuelto muy difícil de explicar, mi hermano. No te quemes. Ya no es lo mismo. Ahora las penas siguen atropellándose pero en el lenguaje misterioso de su nombre”- contesta de un golpe el Colorao y pide otra cerveza Bucanero.
En los noventa ellos se reunían en el Huron Azul de la UNEAC y rones mediante hablaban de “Longina” la que Corona hizo por encargo, de la explosión en los setenta de la música popular bailable, de Ricardito el de Los Latinos o Macías el de Rumba Havana, de Afrocuba y Opus 13 y hasta de Habana Abierta con el Divino Guión de Vanito Caballero hoy Vanito Brown.
Luego vino la estampida con pasaje de ida y vuelta para los Torrens, Ochoa, Paz, Urquiza, Torres, Isaac y compañía. Por cierto, fue hermoso ver cantar a Gema en el homenaje a Marta Valdés. Palabras es un tema para toda la vida.
Paran un “botero”, recogen al Blanco y salen disparados para la “Casa de la Música” de Galiano al caer la noche. Los anuncios lumínicos de los nuevos negocios privados roban la atención de Ariel. “Con este calor ese negocio de vender hielo debe ser muy rentable”. Un bache en la avenida 23 lo saca de sus cavilaciones y a la altura de Infanta y San Lázaro comienza el reggaetón del taxista. A simple vista, allí La Habana se divide en dos ciudades bien distintas.
Paga la carrera en pesos cubanos y en CUC la entrada a la Casa de la Música. Esto de la doble moneda no le ha permitido organizar los gastos. La lista de desaguisados en ese sentido es interminable. Ya son varias generaciones de cubanos las que conocen el panorama económico de la isla concebido de esta manera. Recibes el salario en CUP y haces las compras en CUC. El cambio sigue a 25 por 1.
Pero la Casa de la Música- otrora cine Jigüe- está repleta de nacionales bailando con extranjeros. Nadie sabe de donde la gente saca el dinero pero estos lugares se repletan de jóvenes cubanos con ropa de marca y carísimos teléfonos celulares. Andar elegante y así poder una chica plástica recoger. “Es verdad que esta difícil de entender esto, Colorao”.
Las muchachas de la orquesta que suena son una mezcla de Tina Turner con Amy Wayhouse y hacen delirar a los bailadores. Uno de ellos baila suelto con tres danesas. Otro saca la lengua manchada de azul y sigue a la caza en la pista. Las chicas de pronunciados escotes retozan alrededor de la barra ante la mirada rapaz de los proxenetas invisibles.
Salieron al amanecer y casi directo para el aeropuerto con una breve escala para recoger los bártulos mirando de reojo la televisión. Se acuerda de cuando las transmisiones terminaban a las doce de la noche con el himno nacional y también del notable “Año de la Revolución Energética”, comenta.
El primer noticiario del día hace referencia al comienzo del nuevo curso escolar. “Un millón ochocientos mil estudiantes iniciaran las clases, de ellos, más de cien mil jóvenes comienzan sus estudios universitarios, todos de forma gratuita”- recalca la periodista.
Se marcha confundido y no sabe cuándo podrá regresar otra vez.
Las despedidas de Ariel son con los ojos inyectados en sangre. Eso es alianza, naturalmente.  De todas formas, ellos solo se reúnen de Ariel en Ariel.


Una excavadora reinicia sus labores para mejorar el servicio del agua en el oeste de la capital. Hace un ruido tremendo.

sábado, 3 de mayo de 2014

“Esta es la nueva escuela/esta es la nueva casa/casa/escuela nueva… (Bis)”. Todo era mentira.

Por. Alejandro Palomino.

                                    La violencia engendra violencia.
                                            La mentira, destruye.
 En el verano de 1976 varios grupos de niños del barrio Colón de Centro Habana, nos fuimos a estudiar y a trabajar para la otrora Isla de Pinos bajo los acordes y melodías de aquellas hermosas canciones del “Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC”.
Teníamos apenas doce años de edad y recién habíamos terminado los estudios de la educación primaria. Hoy no recuerdo con exactitud todos los detalles iníciales de aquel siniestro episodio que aceleró nuestra infancia y adolescencia.
Repaso que al terminar el curso escolar del sexto grado, nuestros padres fueron citados a una ‘reunión urgente’ en la escuela de turno y allí llenaron (o firmaron) unas planillas de rigor para que- bajo su conformidad y autorización- sus hijos se incorporaran al proyecto Socio/laboral/Educativo definido como “La Nueva Escuela” en donde, sin lugar a dudas, nos “formaríamos” como el “Hombre Nuevo” que necesitaba el agudo proceso revolucionario cubano.
Entonces, a la voz de mando, con maleta de madera en ristre y vestiditos y peinaditos como se ve en las fotos en blanco y negro de la década del setenta, estábamos haciendo fila bajo el sol de agosto en la explanada del viejo espigón del puerto de Batabanó al sur de La Habana. Íbamos cantando “Esta es la nueva escuela/esta es la nueva casa/casa/escuela nueva…”.
En los cargueros mercantes “Palma Soriano” y “Jibacoa” la travesía marítima duraba de seis a ocho horas hasta Nueva Gerona, según la carga, las condiciones del tiempo y las reglas para la navegación.
En el “Comandante Pinares” o el “Isla de la Juventud” (de pasajeros ambos) el viaje era un poquito más rápido pero no por ello los mareos y los vómitos disminuían.
Desde la ventanilla de la guagua el diseño arquitectónico “Girón” de las ESBEC y los IPUEC (las “Nuevas Escuelas”)- constituidas por tres bloques o edificios de desiguales dimensiones y de acuerdo a sus utilidades- adornaban, como punticos blancos en la lejanía el organizado paisaje verde conformado por citrícolas surcos y regias cortinas de pino, las afueras de Gerona.
Los regadíos por aspersión bañaban constantemente los arbustos francamente enyerbados pero bien cargados de toronjas, naranjas y limones. Faena dura de chapeo y recolección la que nos esperaba debajo de las santanillas.
Por amor estamos haciendo/…/para por amor seguir trabajando/…/Que nadie interrumpa el ritmo/queremos amar en paz/para decir en un grito/ ¡Cuba va!/ ¡Cuba va/ (Bis)- estrofa de otra memorable, triunfalista y estandarte canción del Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC.   
Unos niños nos quedamos en “Protesta de Baragua”, otros en “Micaela Labastida”; algunos continuaron hasta la “19 de Abril” o “Vanguardia de La Habana” y así nos fueron ‘despachando’ de Escuela Nueva en Nueva Escuela a lo largo y ancho de toda la Isla de Pinos de 1976.
Entregados los expedientes escolares fuimos conducidos en fila india hacia  la Plaza de Formación ubicada entre el edificio docente y los dormitorios. El severo discurso del director de la escuela- de albúmina formación “Makarenka”- no se hizo esperar. Entendidos los “puntos sobre las íes” comenzamos por las mañanas a recolectar toronjas con fines de exportación y a recibir clases por las tardes para convertirnos en verdaderos “Hombres Nuevos” como lo necesitaba la revolución. 
Un horario estricto y riguroso para cada actividad a desarrollar. La Diana para el despertar se produce a las 6.00am y para el descanso a las 10.00 de la noche. 16 horas de continuas y duras acciones durante 25 días al mes por 3 de Pase o Permiso para visitar a nuestras familias.
Nuestra estancia en La Isla estaba planteada para 6 largos años entre los estudios de la enseñanza secundaria y preuniversitaria. Ingresamos con 12 a la “Nueva Escuela” y nos graduaríamos como “Hombres Nuevos” a los 18 años. Todo era cuestión de tiempo. “Esas canciones no mienten, compadre”- aclarábamos.    
La cantidad de aspirantes a “Hombres Nuevos” alcanzaba la astronómica cifra de 600 estudiantes por escuela y rara vez en el desayuno alcanzaba la leche para todos los niños. El menú del almuerzo y la comida gravita reiteradamente en Harina de maíz bien caliente, Chicharos aguaos y Sardinas en conserva (de la lata), todo servido en irregulares bandejas de calamina.
El piso del comedor es resbaladizo e intratable. Fácilmente podías llegar a tu mesa después de una estrepitosa caída y sin los preciados alimentos.  Pero todo era cuestión de Adaptarse a las Dificultades.
“Hay que adaptarse a las dificultades”- repetía insistente el profesor de ‘Vida Interna’.  
Un especial momento de cada jornada consistía en que para comenzar y cerrar cualquier actividad era obligatorio decir a coro un slogan triunfalista desde la regular formación por grupos y henchida actitud militar.
“Solo los cristales se rajan, los hombres mueren de pie” o “Los hombres mueren, el Partido es inmortal”, eran más bien los lemas habituales que iniciaban y daban por concluidas las desiguales y difíciles tareas a vencer. 
Recordemos que en 1975 se había celebrado con éxito el Primer Congreso de Partido Comunista de Cuba pero entre sus acuerdos nunca figuró el lineamiento de que al comedor de una ESBEC no tenías acceso si no decías el LEMA desde la Plaza de Formación.
Por último, en el dormitorio el compromiso de mantener el orden disciplinario recae en los hombros de tres niños: el Jefe de Albergue, su segundo al mando y el Jefe de limpieza. Todos designados por la Dirección de la “Nueva Escuela/Nueva Casa”.
Ellos también son estudiantes/aspirantes a “Hombres Nuevos”, pero… han llegado aquí con serios problemas de conducta y proclives a la delincuencia. Víctimas de las más perturbadoras manifestaciones de violencia familiar y social, muy agresivos.
Nacidos y crecidos en los círculos más hostiles de los ruedos marginales y marginados por la sociedad de un país en pleno escenario de crisis económica y de no pocos valores éticos corriendo la misma suerte.
El sistema de comportamiento en los dormitorios y otros espacios de la institución se porta tan carcelario como a la vieja usanza de las prisiones de aislamiento. Se vuelven comunes y familiares las golpizas y los abusos. Los atropellos cobran presencia en los rostros amoratados y los escuálidos cuerpos de los más indefensos. La cacería es infernal entre las literas y de cubículos a cubículos. 
Muchas veces los niños blancos son golpeados, ultrajados y perseguidos por otros niños negros y viceversa. Debido al acoso y el maltrato, los más indefensos prefieren dormir en las mesas de las aulas del edificio docente o incluso, en los peligrosos aleros de la instalación en el intento de burlar la asechanza y evitar las palizas.
Con frecuencia les roban el colchón, la sábana; les prenden candela en los pies mientras duermen o les revientan una bofetada en pleno descanso nocturno y no pueden trasmitir la queja porque eso puede ser peor para ellos. “¿Será mentira lo del ‘hombre nuevo’ y la ‘nueva escuela’?- nos preguntábamos continuamente. “Hay que adaptarse a las dificultades”- repetía el ‘Vida Interna’ y el tiempo seguía pasando factura.
 Nadie le pone coto al desatino, la torpeza, la discriminación racial o la animadversión. Los desprecios y las iniquidades son permanentes y todo sucede como si el profesorado no tuviera ‘jurisdicción’ en los albergues. Hacen caso omiso y la vista gorda de lo que allí ocurre.
Los auto/robos amañados y ejecutados por los propios ‘niños jefes’ sobre sus pertenencias, implican para los demás largos castigos de formaciones en posición inmóvil (¡FIRMES!) hasta altas horas de la madrugada y con el cuerpo desnudo a la intemperie. Mientras dura la penitencia uno de los jefes golpea con un cinturón las espaldas y los glúteos de los muchachos colocados en hilera.
Se pierde la noción del tiempo en “La nueva escuela/nueva casa” y los niños de entonces, ya no éramos los mismos. Aprobada la Nueva Plataforma Programática del Partido, Isla de Pinos cambia su nombre por: “Municipio Especial Isla de la Juventud” y en La Habana se celebra a todo bombo y platillo el “XI Festival Internacional de la Juventud y los Estudiantes”.
Una mañana absurda de la “Nueva Escuela” un niño agrede a otro con un machete y le troza en pedazos el muslo derecho. Ese mismo día aparece debajo de una litera una maleta de madera con tres pistolas escondidas y aunque ‘el hallazgo’ es reportado no pasa nada.
Dos chicas de 14 años son expulsadas deshonrosa y públicamente del centro escolar por haberse besado en los labios y otras tres de la misma edad están embarazadas del profesor de química. Mientras, un destacado profesor de Astronomía es expulsado del sector por homosexual.
Una alarma tardía por el engaño se dispara entre los padres de muchos niños.              
Los ‘inadaptados’ se marchan de las casi totalmente destruidas, saqueadas y empantanadas “Nuevas Escuelas”. Eso a riesgo de que les ‘manchen’ el expediente escolar y les marquen oficialmente como “Rajados”- una condición que NO les permitirá continuar sus estudios en una escuela secundaria urbana.
Entre los que se quedan se establece el ‘Pandillaje’ como cotidiano modo de vida y ‘Peñas en Tropel’ de estudiantes/aspirantes a la sublime pero muy rara condición de “Hombres Nuevos”. La violencia en el perímetro puede llegar a superar las múltiples visiones estereotipadas existentes sobre el tema. En el lance pandillero cumplimos 18 años.
Todo era mentira.
El despojo, el fraude académico, los maltratos, las sustracciones, las golpizas, el estimulado ejercicio de la chivatería y las encerronas a boca de jarro dejaron profundas heridas en la memoria de todos los que una vez habíamos anhelado convertirnos en indiscutibles “Hombres Nuevos” en aquellas blancas “Nuevas Escuelas/Nuevas Casas”. Un Proyecto convertido en una autentica Pesadilla. “Esas canciones son una mierda, asere”- concluimos. 
Una infame mentira.
El destino de muchos de nosotros como Hombres Modernos ha sido dudoso. Varios se fueron de Cuba por el puerto del Mariel en abril de 1980. Otros lo hicieron en rústicas embarcaciones detrás de la explosión social desatada en La Habana en agosto de 1994. No pocos habían muerto en la guerra de Angola.
Algunos no salieron jamás de las prisiones habaneras. Un grupo significativo ‘se busca la vida’ en el mercado negro y los más afortunados sacamos fuerzas de flaquezas cumpliendo 3 años en el ejercito militar para poder realizar después estudios universitarios buscando crear y desplegar una familia sin traumas en el país que nos vio nacer. 
Esos niños cubanos de 1976 hemos llegado a los 50 años de vida.
¿Alguien quiere continuar mintiéndonos?
 
La Habana, 4 de abril de 2014.      

“El día ‘atravesao’ de la semana”

 
Por. Alejandro Palomino.
 
La embajada de España en Cuba ha tenido la cortesía de invitarnos al siguiente encuentro: 
 
En nombre de Pablo Platas, Consejero Cultural, y del Embajador de España, Francisco Montalbán Carrasco, le estamos invitando al próximo “Jueves de la Embajada”, que tendrá lugar el jueves 10 de abril a las 5:00 pm y que en esta ocasión estará dedicado al deporte como rama de la cultura.
Los protagonistas de la tarde serán el  Premio Príncipe de Asturias en Deportes de 1993 y recordista mundial, Javier Sotomayor, y Mireya Luis, la capitana del legendario equipo de voleibol, calificado por la prensa especializada como las Espectaculares Morenas del Caribe, campeonas olímpicas  en 1992, 1996 y 2000, entre otros muchos galardones…  
Embajada de España en Cuba. Cárcel No. 51 esquina a Zulueta. La Habana Vieja.
Entrada por la puerta principal, de 4:15 a 5:00 pm.
Mucho agradeceríamos poder contar con su presencia.
 
Si cruzas el túnel de la bahía y te paras de frente a la ciudad desde la Fortaleza del Morro, podrás observar la singularidad arquitectónica que constituye en ese entorno citadino el edificio donde radica la embajada española: el Parque de Las Almendras, el Parque de Los Enamorados, el otrora Palacio Presidencial con su fabulosa cúpula a la manera de Brunelleschi, el Paseo del Prado con los soberbios leones, las imponentes ruinas de lo que fue la “Tasca Española” y otras muchas obras emblemáticas de la capital cubana como El Castillo de la Fuerza y el antológico parque circular Máximo Gómez con la estatua del Generalísimo montado en su caballo.
 
En ese panorama viví toda mi infancia y adolescencia mientras fui un muchacho del barrio de Colón. En mi crónica “Del musical a ‘La Tasca’ hay solo siete cuadras” le hago mis fieles honores a ese distinguido pedazo de la geografía habanera. Con sonados recuerdos y la imagen imperecedera de mi madre, llegué a la embajada a las 4: 45 pm.
 
No fui solo. Nora, Yoa, Kelvyn, Enrique, David y Ailyn también estaban invitados.
 
En la puerta de la embajada una atentísima señora nos invitó a pasar inmediatamente. Subimos la espaciosa y barroca escalera y en una tarja de bronce ubicada en un descanso se puede leer que el edificio fue declarado como Sede Diplomática de España en Cuba en 1984 bajo la presidencia del excelentísimo Sr Felipe González.
 
Era muy interesante la ascensión. Los muchachos del grupo iban soltando una risita nerviosa, cómplice, porque en “un abrir y cerrar de ojos” estábamos pisando territorio español sin atravesar el atlántico. Nos ofrecen otra cálida bienvenida en el ¿tercer piso? y nos invitan a sentarnos en las sillas que dicen “Reservado”.
 
De lujo todo y la risita continuaba. “Los cubanos son un peligro en España”- me decía siempre medio en broma, medio en serio Oscar en Barcelona. “Los independentistas del siglo XIX cubano pensaban lo contrario”- le soltaba yo más en serio que en broma.
 
Después que pasamos por debajo de una varilla colocada a una altura de 2. 45 metros, me senté junto a Nora en el extremo de la tercera fila de una muy bien dispuesta y enorme platea creada para la ocasión en un corredor.
 
Cuando Mireya y Javier avanzaron por el amplio pasillo hacia el estrado, venían saludando llanamente al auditorio. Antes ya habíamos repasado en una pantalla muchas de las imágenes de sus hazañas deportivas y otras- inéditas para nosotros- de la ceremonia de entrega del codiciado Premio “Príncipe de Asturias” a Javier Sotomayor en 1993.
En Salamanca las Palabras de Elogio del Príncipe Felipe rendían tributo a todo el pueblo de Cuba a través de la figura de Javier.
 
El moderador introduce el dialogo y comienza el intercambio con dos de las figuras más sobresalientes del deporte cubano de todos los tiempos. Sin las páginas de gloria que escribieron Mireya Luis y Javier Sotomayor, el Movimiento Deportivo Cubano no palparía de igual manera el alcance y el significado de todos sus triunfos en el pasado siglo XX.
 
Ellos comienzan hablando de la psicología como ciencia aplicada al deporte y de su vital importancia en los procesos de preparación y entrenamiento para asumir, a pesar de los pesares, los más difíciles compromisos deportivos. Pienso en las diferencias y las ventajas que tiene en ese sentido la psicología en función del deporte con respecto al teatro.
Javier mira y valora el pasado a través de la figura de su entrenador Jose Godoy, y Mireya le ofrece todos los respetos y triunfos al maestro Eugenio George, declarado por la Federación Internacional de Voleibol como el “Entrenador del siglo XX”. Señalan con énfasis la importancia de haber tenido un maestro en la vida. Recuerdo a Vicente.
 
Ambos están de acuerdo con las nuevas disposiciones adoptadas por el gobierno cubano sobre los nuevos tridentes salariales para los deportistas de alto rendimiento y sus participaciones en clubes foráneos mediante contrataciones y acuerdos con el INDER. Un paso novedoso que, supuestamente, disminuiría las deserciones hacia el deporte rentado y resolvería cierto estancamiento en su proyección actual.
 
“Hay que negociar con mucho cuidado esos movimientos. Porque tampoco se trata de que un atleta cubano no pueda representar a Cuba en competencias internacionales de alto nivel por exigencias del Club al que pertenece. Pero de que estas medidas vienen a fortalecer y estimular a los atletas y al movimiento deportivo cubano, de eso no cabe la menor duda”- coinciden en sus apreciaciones.    
 
Un señor del público le pregunta a Javier si es cierto que siempre lleva consigo una virgencita de La Caridad, la santa patrona de Cuba. Javier sonríe mientras busca en su cartera la imagen de la Virgen que siempre le acompaña, no la encuentra pero es como si la hubiéramos visto. Mireya suelta una risita cómplice como la de nosotros cuando veníamos subiendo la celebrada escalera.
 
El cuento de la bronca con las brasileñas en las olimpiadas de Sídney 2000, no se hizo esperar. Todo empezó cuando las auriverdes- en la estrategia de distanciar a sus rivales cubanas durante la magna cita- les negaron el saludo a las “Morenas del Caribe”. “Habíamos descubierto una peluquería para mujeres negras de pelo malo y todas fuimos allí y nos pusimos trenzas de mil colores”- dice Mireya. “Queríamos que ellas (las brasileñas) nos halagaran pero nada de eso”.
 
De la peluquería a la cancha ante el asombro de sus millones de seguidores. ¡Preciosas estaban las negras cubanas! Perdieron el primer partido contra la selección brasilera en la fase clasificatoria y Eugenio les ordenó que se despeinaran y se quitaran las trenzas esas.
 
Llegaron a la discusión del oro versus las inspiradas brasileras. Comenzaron las ofensas de un lado hacia el otro de la cancha net por medio y el marcador caminando. El árbitro del encuentro llamó en privado a Mireya y le exigió disciplina como capitana del sexteto cubano. Mireya se reunió con las muchachas en el centro del tabloncillo y les dijo que el árbitro le había pedido que continuaran las ofensas.
 
Al término del partido la bronca continúo en los camerinos a puertas cerradas. La policía tuvo que intervenir. Cuba subió a lo más alto del podio olímpico y de eternas rivales pasaron a ser las mejores amigas de aquella fabulosa selección de voleibol brasileña que sembró la semilla del número uno que hoy ocupan en el ranking mundial.
 
La risa de Javier es muy contagiosa. “Es posible que haya querido excluir algún que otro momento doloroso de mi carrera deportiva”- responde a otra pregunta. “Por ejemplo, cuando sufrí la acusación ante el COI por consumo de cocaína y mi record mundial cayó en peligro”. “Pero lo importante es persistir y estar sereno ante las adversidades”- asegura El Soto y sigue riendo.
 
“Soy fanático del Real Madrid, no lo niego. Igual soy fanático al equipo de pelota de Matanzas”. Hace una pausa breve. “Aunque en los últimos años, tengo que reconocerlo, voy mas a España que a mi pueblo Limonar”- confiesa Javier. “Me encantaría que mi record del mundo (el 2. 45 metros en salto de altura) durara otros 20 años más, pero he visto a algunos atletas capaces de romperlo. Mi sueño es poder crear un evento competitivo en Cuba solo para esa disciplina”- comenta.
 
“Quizás me pase lo mismo que a Serguei Bubka que le acaban de romper su mítico record en salto con garrocha en una competencia que el mismo organizó y costeó”- dice Sotomayor dibujando otra sonrisa. “Pero me gustaría correr el riesgo”. “Durante mucho tiempo mi hijo me preguntaba que si yo era el ‘Príncipe de las Alturas’, entonces, quién era el Rey”.- concluye.
 
La velada termina y nadie lamenta las casi dos horas de intercambio con Javier y Mireya. Se levantan de sus asientos detrás de un largo y sostenido aplauso. Bajan del estrado y se mezclan con elegancia y entusiasmo entre la gente del público. De carrera se distinguen en las fotos.
Fue una tarde esplendida. Repleta de emociones. Bajamos la escalera y ‘regresamos’ a Cuba y a nuestros problemas más urgentes.
 
En España varias veces escuché decir que el día atravesao’ de la semana era el Jueves y no el Miércoles. Por lo menos ayer, esa “tesis” no se cumplió. Gracias a “Jueves de la Embajada” por la invitación.
 
La Habana, abril de 2014.